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domingo, 6 de noviembre de 2016

Quelvacho negro (Centrophorus squamosus)

Quelvacho negro (Centrophorus squamosus). Foto: OceanLab, University of Aberdeen.

Quelvacho negro

Centrophorus squamosus (Bonnaterre, 1788)

(es. Quelvacho negro; gal. Lixa negra; in. Leafscale gulper shark; port. Lixa)

Orden: Squaliformes.
Familia: Centrophoridae.

El quelvacho negro representa como pocos el prototipo de tiburón de aguas profundas, una suerte de modelo que reúne todos los matices positivos y negativos que ello encierra. Tenemos, por un lado, la misteriosa belleza de una criatura esquiva y radicalmente ajena a nuestro mundo —lo que la hace todavía más fascinante—, y, por otro, una fuente importante de ingresos que, sometida a una intensa presión pesquera, ha conducido a una caída sustancial de sus poblaciones.
     Otro aspecto, también recurrente, es que a estas alturas no puede decirse que sea mucho lo que sabemos de su biología y costumbres, lo cual en este caso no deja de ser un tanto paradójico al tratarse de una especie tradicionalmente tan importante y relativamente abundante en ciertas pesquerías, como especie objetivo y como captura accidental. Aunque poco a poco van saliendo a la luz datos particularmente interesantes que nos están permitiendo armar el apasionante puzzle de la vida privada de este bellísimo tiburón. Son datos procedentes de aquí y de allá —como trabajos sobre capturas comerciales y científicas realizadas en zonas puntuales del océano—, que, como pequeñas piezas que se ensamblaran perfectamente entre si, nos permiten ir cubriendo, a veces tentativamente, una superficie cada vez más amplia (si bien para ser justos hay que reconocer que, en mayor o menor medida, este mismo patrón es válido para la mayoría de los tiburones). Por eso algunas veces nos encontramos con cifras y datos dispares —a veces incluso contradictorios— sobre un mismo aspecto biológico cuando lo consultamos en distintas fuentes. En algunos apartados de este artículo he querido dejar constancia de ello a modo de ejemplo, pero también como muestra de reconocimiento y admiración —y mucha envidia— por los científicos que han estado y siguen estando ahí, a pie de obra, llevando a cabo una tarea fundamental que muchos conciudadanos no entenderán jamás.
     Resumiendo, puede decirse que estamos inmersos en un proceso de construcción de conocimiento, no ante un cuerpo descriptivo más o menos consolidado.

NOTA: El número o números entre corchetes remiten a la correspondiente entrada bibliográfica recogida abajo.

Foto: Chris Bird, Sharks Devocean.
Descripción. El quelvacho negro tiene un cuerpo relativamente robusto que remata en un morro corto y grueso, levemente aplanado y con forma de cuña visto lateralmente. La piel es muy áspera debido a los grandes dentículos dérmicos que la cubren, que en los adultos presentan una característica corona en forma de hoja, con fuertes crestas y bordes dentados —de ahí su nombre común en inglés, Leafscale gulper shark, algo así como "quelvacho de escamas como hojas". Los ojos son grandes, así como los espiráculos, redondeados, situados detrás. La boca es ligeramente arqueada, con los pliegues labiales superiores más cortos que los inferiores.

Detalle de los característicos dentículos dérmicos del C. squamosus en perspectiva cenital (izq.) y lateral (dcha) (fotos tomadas de www.thefossilforum.com).
Ambas dorsales presentan espinas cortas pero fuertes. La primera dorsal es larga y baja y la segunda más corta y alta, con forma triangular. Las pectorales son pequeñas y su borde posterior libre es corto, no apuntado y alargado como en su pariente el quelvacho (Centrophorus granulosus), con el que guarda un evidente parecido. La caudal es corta y ancha, con el borde posterior casi recto o ligeramente cóncavo en los adultos; su lóbulo inferior está poco desarrollado y el superior presenta un lóbulo terminal marcado.
     La librea es sencilla: color gris oscuro a pardo grisáceo oscuro uniforme, sin marcas distintivas.

Dentición. Dimorfismo dentario. Los dientes de la mandíbula superior son lanceolados: presentan una sola cúspide más o menos recta, relativamente baja y apuntada, y están muy próximos entre si, pero no imbricados. Los de la inferior, también unicuspidados, son bastante más anchos, con una cúspide baja y abatida, y están imbricados formando como un filo de sierra. 30-38 hileras en la mandíbula superior y 24-32 en la inferior.

Fuente: Akhilesh et al., J. Mar. Biol. Ass. India, 2010 [1].
Talla. Longitud total máxima de unos 164 cm, siendo las hembras las que, a tenor de los registros, alcanzan mayores tallas. Los machos son maduros en torno a los 100-110 cm y las hembras a los 110-125 cm.
     Por lo que respecta a las tallas de nacimiento, casi podría decirse que hay tantas cifras como fuentes consultadas. Algunas indican 30-40 cm [8], otras 35-40 cm [5], y otras entre 35-43 cm [11, 14]. Trabajos más específicos señalan 38-40 cm en Galicia [2] y, en Portugal, una cifra sustancialmente más elevada, 44-46 cm [10]. Tal vez no andemos muy lejos de la realidad si sintetizamos la cuestión dejándola en una amplia horquilla de 35-46 cm en función de diversas variables ambientales y biológicas.

Reproducción. El C. squamosus es vivíparo aplacentario con camadas de 4 a 8 crías, posiblemente hasta 9. Hembras analizadas en Madeira portaban entre 2 y 10 embriones, con una media de 5,4 [13]. Algunos trabajos han encontrado una correlación entre la talla materna y el número de embriones [10], otros, en cambio, no [13], si bien admiten que esto puede deberse a posibles abortos durante el trauma de la virada.
     Por lo demás, es muy poco lo que se sabe de su reproducción, como ocurre con muchas otras especies de aguas profundas. Figueiredo et al. [10] observaron que el tracto reproductivo de la hembra de mayor tamaño que pudieron examinar no mostraba capacidad reproductiva alguna, lo cual podría ser indicio de senescencia, hipótesis que, obviamente, debe ser confirmada. Los mismos autores encontraron elementos que apuntarían a la existencia de una estación reproductiva en la que la cópula podría tener lugar en verano o comienzos del otoño.
     Se trata de una especie longeva. Se estima que puede llegar a vivir hasta los 70 años. Las hembras maduran hacia los 35 años y los machos un poco antes, en torno a los 30.

Embrión a término de 44 cm de LT (fuente: Figueiredo et al., JFB, 2008).
Comportamiento migratorio. A mi modo de ver, esta es uno de los aspectos más interesantes de la vida, todavía privada, de este tiburón. Los datos de que disponemos son por desgracia bastante fragmentarios.
     Recientemente, Rodríguez-Cabello y F. Sánchez [12] lograron colocar transmisores PAT a 5 ejemplares en el área de El Cachucho, en el Cantábrico. Era la primera vez que se empleaba esta técnica en tiburones de aguas profundas, con todas las dificultades técnicas y biológicas que ello entrañaba, y los resultados han sido muy buenos. Se confirma que este tiburón es capaz de realizar grandes migraciones, lo que apoyaría la hipótesis de la conectividad entre áreas diversas y, a su vez, la existencia de una única población en esta parte del Atlántico. Dos ejemplares se dirigieron hacia el oeste —sus transmisores se liberaron frente a las costas de Galicia— y dos hacia el este, uno de los cuales, un macho de 118 cm, llegó hasta el banco de Porcupine, al oeste de Irlanda, tras viajar casi 1000 millas náuticas a lo largo del talud, según la hipótesis más plausible. En todos los casos, los desplazamientos se producían a una cota media de 900-1000 m, posiblemente siguiendo los márgenes continentales.

En amarillo, la hipótesis de la migración N-S, todavía por confirmar. En verde, las trayectorias más probables de los ejemplares 4 y 5 marcados por Rodríguez-Cabello y F. Sánchez; el primero un macho de 118 cm, el segundo una hembra de 99 cm.
Al margen de lo anterior, existen elementos suficientes para sostener la idea de un comportamiento migratorio complejo de alguna manera asociado con la reproducción. El que individuos de determinadas tallas y estadios reproductivos estén presentes en unas áreas y ausentes de otras, parece un claro indicio de ello. Centrándonos en el Atlántico NE, se ha observado que en zonas tan septentrionales como las islas Feroe, Escocia y oeste de las Islas Británicas no se han encontrado hembras grávidas, y si, en cambio, en áreas más meridionales. En Galicia y Portugal, siguiendo los trabajos de Bañón et al. [2] y Figueiredo et al. [10], solo contamos con 4 registros —2 en cada zona— tras el examen de varios centenares de hembras. Pero en Madeira la cosa se dispara: nada menos que el 34% de las hembras analizadas por Severino et al., estaban preñadas —21 en total—. Este elevado porcentaje, unido al hecho de que todos los estadios de desarrollo uterino y ovárico estaban presentes en la zona, refuerza la hipótesis de que este archipiélago podría constituir una zona de cría [13]. El hecho, no justificado por el tipo de aparejo, de que no se hayan encontrado crías ni en esta ni en otras zonas del océano puede deberse a que carecen de la suficiente autonomía para llegarse hasta los anzuelos, bien porque viven a mayor profundidad, próximos al fondo, bien porque se encuentran en aguas más someras.
     Todo esto parece abundar en la teoría de que las hembras maduras y/o grávidas se desplazan hacia el sur, hacia alguna de las áreas descritas o hacia cualquier otra que no conocemos, que todavía permanece oculta o fuera del alcance de los aparejos comerciales y científicos. Como es natural (¿hace falta decirlo?), se trata de una hipótesis que debe ser ratificada mediante estudios más completos.
    
Fuente: OceanLab/NIOZ.
Dieta. Dieta variada. Al igual que su primo hermano el granulosus, el squamosus come de todo, desde teleósteos (merluza, bacalaos, caballas, granaderos (Macrouridae), alepocefálidos, dirétmidos...) hasta quimeras, cefalópodos y crustáceos (eufausiáceos y peneidos).

Hábitat y distribución. El quelvacho negro es una especie demersal del talud continental, por lo general entre los 229 y los casi 2400 m, si bien existe un registro a 3280 m en la Dorsal Atlántica (cita de Priede et al. recogida en [12]); es raro por encima de los 1000 m en el Atlántico NE [8]. En Galicia, incluido el banco de Galicia [3], los registros conocidos se han producido entre los 749-1216 m, la gran mayoría capturados con palangre y una pequeña porción con arrastre de fondo [2]. En el área central del Atlántico norte presenta hábitos epi y mesopelágicos, encontrándose desde la superficie hasta los 1250 m en aguas de más de 4000 m de profundidad. Parece haber segregación espacial por tallas y sexo. La proporción de hembras aumenta a medida que se incrementa la profundidad.
     Se ha observado que ejemplares marcados en el Cantábrico emprendían importantes desplazamientos verticales, fundamentalmente entre los 500 y los 1400 m [12].

Elaboración propia [3, 6, 7, 8, 9].
Distribución amplia. En el Atlántico NE desde Islandia y, siguiendo el talud atlántico, Noruega hasta Mauritania, incluidas Madeira, Azores, Canarias, Cabo Verde, Senegal, Gabón al Congo; Namibia, posiblemente Angola, y Sudáfrica, si bien en el Atlántico SE no parece ser una especie tan común como en el NE. Hasta el momento tan solo existe un único registro en toda la fachada occidental atlántica, en Venezuela. Se encuentra también en diversas áreas del Pacífico W e Índico central y W. Ausente en el Mediterráneo. Ebert et al. [7] anotan un registro en el Pacífico chileno que no he podido encontrar en ninguna otra guía. En el texto se despacha bajo el genérico "western and southeast Pacific Oceans".

Pesca y conservación. El quelvacho negro ha sido tradicionalmente un importante recurso pesquero en el Atlántico NE, debido sobre todo al valioso aceite de su voluminoso hígado, pero también por su carne, representando un porcentaje elevado de las capturas de las pesquerías de aguas profundas, particularmente el palangre. Hablamos de capturas como especie objetivo pero también de capturas accidentales, como en la flota que anda al sable negro (Aphanopus carbo) en Madeira, una de las pesquerías de aguas profundas más antiguas del mundo.
     Aunque parece ser un tiburón relativamente común en sus zonas de distribución, se ha constatado un acusado descenso de sus poblaciones. Su baja baja tasa reproductiva —alta longevidad, maduración tardía, camadas extraordinariamente bajas, etc.— lo hace muy vulnerable a la sobrepesca, como ocurre con otros tiburones de profundidad. La UE ha establecido un TAC 0 y la IUCN lo incluye en su Lista Roja con el estatus de Vulnerable, planteando la urgente necesidad de recabar más y mejores datos —es decir, a nivel cuantitativo y cualitativo— para poder evaluar más certeramente la situación actual, real, de los stocks, así como su tendencia poblacional.

Foto: Joao Correia, APECE.
     La falta de datos fiables es uno de los elementos nucleares de la problemática de la conservación del squamosus. Es de todo punto imposible diseñar planes de gestión certeros, viables, que permitan la recuperación de las poblaciones, si la información de la que partimos es errónea, o imprecisa... o directamente es falsa. Es como pretender curar una epidemia de gripe recetando gominolas. Muchos datos de capturas y desembarcos contienen errores, siendo optimistas, o están directamente falseados, siendo realistas. Pocas veces tiene uno la ocasión de leer declaraciones tan contundentes como la siguiente, que no me resisto a traducir:
Todo el mundo sabe extraoficialmente que en el conjunto de la industria pesquera se falsean los datos. Hasta los propios funcionarios de la FAO han admitido oficiosamente, en numerosas conferencias, que por regla general se asume que los informes falseados son el cuádruple, factor que de hecho se tiene en cuenta en la elaboración de los datos pesqueros de muchos países. Sin embargo, los contactos que conseguimos para este estudio revelan que las notificaciones erróneas o falseadas llegan llegan a ser 20 veces más [15].
     El tema de la identificación errónea, por desconocimiento o por mala fe, es un elemento clave. No pocas veces se consignan bajo la misma denominación especies tan distintas, si bien morfológicamente parecidas, como los quelvachos (Centrophorus spp.) o las pailonas (Centroscymnus coelolepis). El excelente trabajo de Correia et al. nos proporciona un ejemplo bien elocuente a la vez que demencial. Estos autores observaron que a partir del 2007 se inicia un drástico descenso de los desembarcos de C. squamosus, al tiempo que comienzan a aparecer en las lonjas de Portugal los primeros registros del Centrophorus lusitanicus o quelvacho luso, especie "que nunca se había registrado en los desembarcos portugueses antes del 2007" [15]. Históricamente, ambas especies, fácilmente confundibles, se venían descargando como C. squamosus... pero en 2007 la cosa cambia. ¿Por qué? Alguno seguro que ya se lo imagina... y se imagina también las consecuencias:
El establecimiento, en 2007, de un TAC para tiburones de aguas profundas hizo que los pescadores desembarcasen todas sus capturas como Centrophorus lusitanicus, dado que este no estaba incluido en la lista de especies reguladas por el TAC. Este caso de información falsa o inexacta ha tenido un efecto muy negativo sobre los datos, con registros de Centrophorus lusitanicus en lugar de otros que con toda probabilidad deberían haber sido Centrophorus squamosus e incluso posiblemente otras especies de aguas profundas como Centrosymnus coelolepis y Centrophorus granulosus [15].
Foto: OceanLab, University of Aberdeen.
El Artículo 13 del Reglamento UE 2016/72 del Consejo prohibe a los buques de la UE la captura, mantenimiento a bordo, transbordo y desembarco del Centrophorus squamosus "en aguas de la Unión de la división CIEM IIa y de la subzona CIEM IV y en las aguas de la Unión e internacionales de las subzonas CIEM I y XIV".
     Pues estupendo.

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BIBLIOGRAFÍA

1. Akhilesh, K. V., M. Hashim, K. K. Bineesh, C. P. R. Shanis & U. Ganga (2010). New distributional records of deep-sea sharks from Indian waters. Journal of the Marine Biological Association of India, 52(1): 29-34.
2. Bañón, Rafael, Carmen Piñeiro & M. Casas (2006). Biological aspects of deep-water sharks Centroscymnus coelolepis and Centrophorus squamosus in Galician waters (north-western Spain). Journal of the Marine Biological Association of the United Kingdom, 86, pp.843-846.
3. Bañón, Rafael, J. C. Arronte, Cristina Rodríguez-Cabello, Carmen Gloria Piñeiro, Antonio Punzón & Alberto Serrano (2016). Commented checklist of marine fishes from the Galicia Bank seamount (NW Spain). Zootaxa, 4067 (3), 293-333. http://dx.doi.org/10.11646/zootaxa.4067.3.2.
4. Clarke, Maurice (2002). Age estimation of the exploited deepwater shark Centrophorus squamosus from the continental slopes of the Rockall Trough and Porcupine Bank. Journal of Fish Biology, 60: 501-514. doi:10.1006/jfbi.2001.1861.
5. Compagno, L. J. V., M. Dando & Sarah Fowler (2005). Guía de campo de los tiburones del mundo. Omega, Barcelona.
6. Ebert, David A. (2013). FAO Species Catalogue for Fishery Purposes: Deep-Sea Cartilaginous Fishes of the Indian Ocean. Volume 1: Sharks. FAO, Roma.
7. Ebert, David A., Sarah Fowler, Leonard Compagno, Marc Dando (2013). Sharks of the World: A Fully Illustrated Guide. Wild Nature Press, Plymouth. 
8. Ebert, David A. & Matthias F. W. Stehmann (2013). FAO Species Catalogue for Fishery Purposes: Sharks, Batoids and Chimaeras of the North Atlantic. FAO, Roma.
9. Ebert, David A (2015). FAO Species Catalogue for Fisheries Purposes No. 9: Deep-sea Cartilaginous Fishes of the Southeastern Atlantic Ocean. FAO, Roma. 
10. Figueiredo, I., T. Moura. A. Neves & L. S. Gordo (2008). Reproductive strategy of leafscale gulper shark Centrophorus squamosus and the Portuguese dogfish Centroscymnus coelolepis on the Portuguese continental slope. Journal of Fish Biology, 73: 206-225. doi:10.1111/j.1095-8649.2008.01927.x
11. Guisande González, C., P. J. Pascual Alayón, J. Baro Rodríguez, C. Granado Lorencio, A. Acuña Couñago, A. Manjarrés Hernández & P. Pelayo Villamil (2011). Tiburones, rayas, quimeras, lampreas y mixínidos de la costa atlántica de la Península Ibérica y Canarias. Ediciones Díaz de Santos, Madrid.
12. Rodríguez-Cabello, Cristina & Francisco Sánchez (2014). Is Centrophorus squamosus a highliy migratory deep-water shark? Deep-Sea Research I, http://dx.doi.org/10.1016/j.dsr.2014.06.005.
13. Severino, R. B., I. Afonso-Dias, J. Delgado & M. Afonso-Dias (2009). Aspects of the biology of the leaf-scale gulper shark Centrophorus squamosus (Bonnaterre, 1788) off Madeira archipelago. Arquipélago, Life and Marine Sciences 26: 57-6.
14. White, W. T. (SSG Australia & Oceania Regional Workshop, March 2003). 2003. Centrophorus squamosus. The IUCN Red List of Threatened Species 2003: e.T41871A10581731. http://dx.doi.org/10.2305/IUCN.UK.2003.RLTS.T41871A10581731.en, consultada el 27-X-2016.
15. Correia, J., F. Morgado, K. Erzini & A. M. V. M. Soares (2016). Elasmobranch landings in the Portuguese commercial fishery from 1986 to 2009. Arquipélago. Life and Marine Sciences 33:81-109.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Resultados CITES 2016


Parece que llegan buenas noticias desde Sudáfrica. La conferencia mundial de la CITES, que acaba de clausurarse en Johannesburgo, ha aprobado finalmente la inclusión de 13 especies de elasmobranquios (tiburones y rayas) en su Apéndice II.
  • El jaquetón sedoso (Carcharhinus falciformis).
  • Las tres especies de zorros marinos o tiburones zorro (fam. Alopiidae): el zorro común (Alopias vulpinus), el zorro negro (A. superciliosus) y el zorro pelágico (A. pelagicus).
  • La 9 especies de mobulas o mantas diablo (fam. Myliobatidae, subfam. Mobulinae): Mobula eregoodootenke, M. hypostoma, M. japanica, M. kuhlii, M. mobular, M. munkiana, M. rochebrunei, M. tarapacana y M. thurstoni.
¿Qué diablos significa eso del Apéndice II y cuáles son sus implicaciones? Buena pregunta. Brevemente, la CITES (siglas en inglés de Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Flora y Fauna Silvestres) es un acuerdo internacional jurídicamente vinculante, al menos en teoría, firmado de manera voluntaria por los gobiernos de diferentes países (182 en la actualidad) con el objetivo de controlar el comercio de plantas y animales cuando este suponga una amenaza para su supervivencia. Es decir, es un acuerdo de naturaleza comercial.
     Las especies que reciben el amparo de la CITES se clasifican en tres listados o apéndices. El Apéndice I incluye plantas y animales en serio peligro de extinción, de modo que su comercio está severamente restringido y solo se autoriza en circunstancias muy excepcionales. El lince ibérico (Lynx pardinus), la ballena azul (Balaenoptera musculus) y los peces sierra (fam. Pristidae), por ejemplo, están incluidos aquí. Ninguna otra raya o tiburón aparecen en él.
     El Apéndice II incluye especies con menor grado de amenaza cuyo comercio debe ser controlado a fin de que su supervivencia no se ponga en peligro. En él figuran el tiburón blanco (Carcharodon carcharias), el peregrino (Cetorhinus maximus), el ballena (Rhincodon typus) y, desde 2013 [véase Resultados CITES 2013], el jaquetón oceánico de puntas blancas (Carcharhinus longimanus), el cailón (Lamna nasus) y tres especies de cornudas o martillos: el tiburón martillo (Sphyrna mokarran), la cornuda (Sphyrna zygaena) y la cornuda negra (Sphyrna lewini); también dos mantas: Manta alfredi y Manta birostris.
     El Apéndice III recoge aquellas especies que están protegidas en al menos un país que solicita ayuda de los demás para controlar su comercio. Hasta 2013 aquí estaban el cailón y la cornuda negra.

Izq. Jaquetón sedoso (Carcharhinus falciformis) (foto: Andy Murch). Dcha. Zorro pelágico (Alopias pelagicus).
Se estima que las poblaciones mundiales de silkies, como se conoce en inglés al sedoso, y de zorros marinos han descendido entre un 70-80%... y localmente hasta un escandaloso 90%. Las mobulas igualmente están cayendo en picado debido, entre otros factores, a la brutal presión pesquera que están padeciendo a causa de sus placas branquiales, altamente apreciadas en varias zonas de Asia como China por sus supuestos valores medicinales. Se calcula que cada año se mueven más de 120 toneladas de este producto, una auténtica bestialidad para una criatura con tan baja tasa reproductiva (en general, 1 cría cada 2-3 años).
     El jaquetón sedoso es una especie muy apreciada, por su carne y también por sus aletas, que son de las más abundantes en los mercados de Hong-Kong. Es una especie objetivo, pero también una de las capturas accidentales más comunes; es decir, que recibe por todos los lados. Su propuesta de inclusión en el Apéndice II recibió el respaldo mayoritario de un amplio porcentaje de países como México, Chile, Nueva Zelanda, etc., y el voto en contra de otros como Nicaragua, Qatar, Indonesia, Japón e Islandia, bien juntitos estos últimos. También la FAO se opuso a esta medida argumentando, como los anteriores, que el control de su pesquería y comercio era más efectivo si se realizaba desde un ámbito regional.
     Los zorros marinos son de los tiburones pelágicos más amenazados. Se calcula que más de un millón de ejemplares cae cada año, para aletas y para carne. Su propuesta, como en el caso anterior, también recibió un respaldo mayoritario tras una votación secreta. En contra... la FAO, Japón ... e Islandia.

Manta (Mobula mobular) (foto: Sarah Fauwetter).
La propuesta para incluir las 9 especies de mobulas en el Apéndice II recibió un respaldo si cabe más mayoritario que el de los tiburones. Incluso la FAO se mostró a favor. Y en contra... Japón e Islandia. Qué curioso, ¿a que si? Esa férrea fidelidad de amantes a la moda, en el fondo y en las formas, ¿tendrá algo que ver con sus posiciones coincidentes respecto a la caza de ballenas? Para quien no cree en las coincidencias la respuesta es obvia.

Las Partes, como se denominan las naciones firmantes de la Convención, tienen ahora 6 meses para implementar medidas de regulación del comercio de mantas diablo y de 12 para los tiburones. Veremos en qué queda todo esto.
     Personalmente, miro todo esto con cierto escepticismo. Pero al mismo tiempo reconozco que en esta convocatoria se han visto ciertos gestos que parece que despiertan en uno un poco de esperanza. Uno de ellos es el elevado número de países que propusieron y votaron cada propuesta. Otro es el caso de naciones como Sri Lanka, por ejemplo, responsable del 50% de capturas de sedosos durante la última década, que fue uno de los promotores de su inclusión en el Apéndice II argumentando que puesto que su pesquería es tan importante para su pueblo, deseaba que fuese sostenible. Los representantes de países como Filipinas, Bahamas y Maldivas adujeron que los tiburones eran valiosos para atraer al turismo, por lo que consecuentemente apoyaron las propuestas, según recoge la crónica de The Guardian. No está mal. Impensable hace unos años. Parece que la evidencia se muestra con toda su fuerza... y parece también que las diferentes asociaciones conservacionistas han aprendido a actuar como verdaderos lobbies. A los japoneses les ha salido un serio y justo competidor... y además con la razón de su parte.
     Crucemos los dedos, y sobre todo no bajemos la guardia. La presión pública a veces funciona.


viernes, 23 de septiembre de 2016

La edad del tiburón de Groenlandia

Tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus). Foto: Franco Banfi.

Hace pocas semanas estallaba la noticia a lo grande, como los fuegos artificiales de las fiestas del pueblo, entre el "¡Oooooh!" del público general y ciertas muecas de escepticismo paternalista en algunos científicos que, divertidos, se apeaban de los coches de choque para observar el espectáculo: ¡el tiburón de Groenlandia puede llegar a vivir 400 años!

Tal era (y es) la conclusión de un trabajo publicado el 12 de agosto por la revista Science bajo el título, bien elocuente, de "Eye lens radiocarbon reveals centuries of longevity in the Greenland shark (Somniosus microcephalus)"¹. Pues, en efecto, para obtener estas estimaciones, sus autores se basaron en la datación mediante radiocarbono del cristalino del ojo.
     Las proteínas del núcleo del cristalino se forman durante el desarrollo prenatal del tiburón y permanecen inalteradas a lo largo de toda su vida. Esto quiere decir que su composición viene dictada directamente por la dieta materna, no por las andanzas de cada individuo, de modo que las ventajas a la hora de determinar su edad son evidentes. Solo se precisa un punto de referencia adecuado.

Tal como vimos en un reciente estudio sobre la edad del tiburón blanco en el Atlántico NW [véase Edad y tasa del crecimiento del tiburón blanco], el equipo de científicos, liderado por Julius Nielsen, de la Universidad de Copenhage, tomaron como referencia las altas concentraciones de carbono-14 en la red trófica marina producidas a consecuencia de las pruebas nucleares atmosféricas que se llevaron a cabo desde mediados de la década de los 50 en el Atlántico norte. Dado que el mayor nivel de acumulación de este isótopo radioactivo se registra no más tarde de comienzos de la década de los 60, es ese ligeramente difuso "comienzos de los 60" lo que se tomó como marca temporal.

Los miembros del equipo de Nielsen analizaron el cristalino de 28 ejemplares (todos ellos hembras) de 81 a 502 cm de longitud total capturados en Groenlandia durante los años 2010 y 2013, entre los 175 y los 1100 m de profundidad. Los dos individuos más pequeños (81 y 158 cm, respectivamente) eran los que contenían mayores niveles de carbono-14, con lo que con toda probabilidad nacieron con posterioridad a esa marca, sin que se les pueda asignar una edad exacta. El tercer tiburón, en esta escala de menor a mayor, medía 220 cm y presentaba un nivel de radiocarbono ligeramente superior a los siguientes, de modo que se considera que debió de nacer a principios de los 60, más o menos hacia 1963 (una "jovencita" que en 2012 andaba por los 50 años de edad). Los 25 tiburones restantes, con tallas comprendidas entre los 258 y los 502 cm, nacieron claramente antes de las pruebas atómicas. Calibrando los datos obtenidos mediante radiocarbono con parámetros tales como el tipo y tasa de crecimiento del tiburón (estimada en menos de un centímetro por año), fue como los científicos obtuvieron las cifras que tanta agitación causaron en las aburridas semanas de agosto.
     A partir del tiburón nº 3 los cálculos de edad se disparan. Desde los aproximadamente 71 y 73 años de los ejemplares 4 y 5, de 258 y 264 cm, respectivamente... hasta los 335 ± 75 y los 392 ± 120 para los más grandes, de 493 y 502 cm. Una barbaridad, incluso descontando los márgenes de error: ¡un tiburón de Groenlandia de 5m tendría una esperanza de vida de un mínimo de 272 años!... o de 512, si los tenemos en cuenta. Dejémoslo en 400, un término medio.
     Lo más preocupante es que, de ser ciertas estas estimaciones, tendríamos que las hembras tardarían la friolera de 156 años en alcanzar la madurez sexual, es decir, en estar preparadas para reproducirse. Un tiempo en el que, tal como están las cosas, resulta sumamente difícil no caer dentro del mortífero campo de acción de cualquier "arte" de pesca de las que se emplean en aguas profundas.

Foto: Julius Nielsen, Universidad de Copenhage.
No obstante, los resultados del trabajo no son definitivos. Hacen falta más estudios que los verifiquen. De hecho, algunos científicos ya han mostrado cierto escepticismo, no sobre el método empleado, sino sobre la calibración de las cifras, que pudiera haber generado estimaciones al alza.
     En cualquier caso, el estudio de Nielsen y compañía viene a corroborar algo que ya se sospechaba: que el Somniosus microcephalus presenta un metabolismo muy ralentizado, como corresponde a un habitante de aguas profundas y gélidas (0,6-12ºC): crecimiento muy lento, edad reproductiva tardía y gran longevidad. Es decir, lo ideal para ser borrados del océano en pocos años si no se toman las medidas de gestión adecuadas.

El tiburón de Groenlandia es un un bicho colosal, uno de los tiburones más grandes del Atlántico norte, solo superado por el peregrino (Cetorhinus maximus). Puede rebasar los 6,4 m de longitud total hasta alcanzar, posiblemente, los 730 cm. ¿Qué edad puede llegar a tener un animal de semejante envergadura? Imposible decirlo... ni siquiera imaginarlo.

Solo sabemos que, de verificarse estas cifras, cuando nació la hembra nº 28, la de 502 cm, Felipe III, el primero de los Austrias Menores, era todavía rey de España y de Portugal; Velázquez estaba comenzando su formación como pintor en el taller de Francisco Pacheco en Sevilla; Quevedo y Góngora tal vez se cruzaban ya por las calles de Madrid mirándose de reojo; posiblemente Shakespeare preparaba el estreno de La Tempestad, su última obra, en el palacio de Whitehall, y Cervantes aún no había publicado la segunda parte de El Quijote... dos de los más grandes genios de la historia apurando sus últimos años sobre la Tierra... y en sus profundidades, el lento y silencioso Somniosus.



=>Más información sobre este extraordinario tiburón, en Tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus).

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¹Julius Nielsen, Rasmus B. Hedeholm, Jan Heinemeier, Peter G. Bushnell, Jorgen S. Christiansen, Jesper Olsen, Cristopher Bronk Ramsey, Richard W. Brill, Malene Simon, Kristine F. Steffensen & John F. Steffensen (2016). Eye lens radiocarbon reveals centuries of longevity in the Greenland shark (Somniosus microcephalus). Science, vol 353, nº 630. doi:10.1126/science.aaf1703.


martes, 16 de agosto de 2016

El salto del Carcharodon carcharias

En False Bay. Foto de Chris Fallows.
Ya sabemos que muchos tiburones son capaces de pegar grandes saltos fuera del agua, eso que en inglés se conoce como breaching. Lo hemos visto en los marrajos, los campeones de altura, los cailones salmoneros, los jaquetones picudos, los zorros y también en los peregrinos, tan aparentemente lentos y pachorrones ellos. Pero no hay duda de que en esto de dar brincos el gran Carcharodon carcharias es un caso aparte.
     Su particular y fascinante fisonomía —esos enormes dientes triangulares bien visibles en una mandíbula desencajada que, dibujando un rictus cruel y salvaje, se abate como un destino inexorable sobre un pobre mamífero despistado— lo ha convertido, con la ayuda de Spielberg, en una especie de efigie que representa todo lo que hay de cruel e implacable en la naturaleza. Una imagen tan falsa como hipnótica que se encuentra firmemente implantada en el imaginario colectivo de gentes de todo el mundo. Esto explica por qué sus saltos son los más admirados, estudiados y filmados de todos los tiburones. Claro que a ello también ayuda —y no poco— el hecho de que los científicos han averiguado dónde y cuándo se producen, y también, gracias a especialistas como Rob Lawrence y Chris Fallows, han aprendido un truco para hacer que salten delante de las cámaras: remolcar a ciertas horas del día un señuelo con la silueta de una foca.

Foto de Remo Sabatini con dos mapas de Google indicando la situación de False Bay (arriba) y Seal Island (abajo).
Aunque en otras partes del planeta se han visto individuos realizando algún que otro salto, es en un pequeño rincón de Sudáfrica donde este comportamiento se manifiesta de manera sistemática en todo su esplendor, como parte de una estrategia de caza común: los alrededores de un diminuto y solitario islote rocoso situado en False Bay, una pequeña bahía del extremo suroccidental del país, muy cerca de Ciudad del Cabo, que se eleva unos pocos metros a apenas 5,7 km de las playas del norte de la bahía. Se trata de Seal Island, la isla de las focas, que con apenas 2 hectáreas de superficie (unos 400x50 m) alberga una población de alrededor de 64 000 lobos marinos del Cabo (Arctocephalus pusillus pusillus), una de las presas preferidas del gran blanco.
Fuente: Dirk Schmidt (2011),
Sunbird Publishers.
     Los tiburones se concentran alrededor de Seal Island en los meses del otoño e invierno austral, desde abril hasta septiembre-octubre, coincidiendo con el destete y las primeras incursiones en el océano de los jóvenes e inexpertos lobos marinos en busca de alimento... Y siguiendo a los tiburones, centenares de turistas, fotógrafos y cámaras de televisión, y algún que otro científico.
     Los científicos dividen el islote y sus alrededores en 6 zonas según la intensidad depredadora, como se observa en el gráfico. El área en rojo delimita el llamado, con ese tono dramático tan del gusto sajón, "anillo de la muerte", el perímetro de 200-500 m dentro del cual se producen la gran mayoría de ataques. En verde, la "plataforma de lanzamiento", el lugar donde suelen agruparse los lobos marinos antes de echarse a nadar hacia el sur en busca de comida (como se ve, la zona 4 es la que concentra, con diferencia, el mayor número de ataques, y, por tanto, donde más saltos se puede observar). Saben que en grupo las posibilidades de supervivencia son mayores que viajando en solitario.
     Las particulares características físicas de la zona —12-16 m de profundidad y aguas con baja visibilidad— son las óptimas para que el tiburón blanco emplee una de sus técnicas de caza más impresionantes: la emboscada, el ataque por sorpresa, viniendo desde atrás y abajo a una velocidad de vértigo. La potencia de la acometida es tal, que hace que una bestia de una tonelada salga literalmente volando por encima de la superficie dando lugar a escenas difíciles de olvidar... Según Dirk Schmidt¹, "Analizando secuencias documentadas de tiburones acelerando para saltar, se ha estimado que para lanzarse completamente fuera del agua un ejemplar de 1000 kg debe haber alcanzado una velocidad (bajo el agua) de entre 45 y 50 km/h". En un ataque que dura apenas 2 segundos.
     Los ataques se producen sobre todo al amanecer y al atardecer, cuando hay poca luz y los lobos marinos salen o vuelven de su jornada de pesca; otros factores que influyen son la visibilidad del agua y la luminosidad del día. Los investigadores han descubierto que antes de la salida del sol las posibilidades de desencadenar un ataque mediante un señuelo superan el 75%, porcentaje que cae sustancialmente a medida que se incrementa la luz hasta quedar por debajo del 10% en las horas centrales del día, y viceversa, vuelve a subir a medida que va cayendo el sol. Parece evidente que el mediodía de una jornada de un sol espléndido iluminando aguas claras es el mejor momento para no sufrir una emboscada.

Foto: David Jenkins.
Hay diferentes tipos de saltos. Entre las clasificaciones que se han propuesto, la más sencilla es la que recoge Dirk Schmidt en su libro White Sharks: Magnificient, Mysterious and Misunderstood, que distingue tres categorías según el ángulo de salida respecto de la superficie: Vertical, Aéreo y Superficial.

1. Vertical o "Polaris". Como su nombre indica, el tiburón realiza un salto prácticamente vertical, en el que su imponente masa corporal se eleva parcial o totalmente hasta 3 m por encima de la superficie. Lleva el sobrenombre del Polaris, aquel misil balístico desarrollado en los años 60 —plena Guerra Fría— que se lanzaba desde un submarino sumergido².
     Se trata seguramente de la modalidad que exige un mayor nivel de destreza y precisión. Camuflado contra el fondo oscuro, a unos 12-16 m de profundidad, el tiburón debe fijar correctamente la posición y trayectoria de una presa que recorre velozmente la superficie antes de lanzar su brutal ataque.

Foto: Chris Fallows.
Impulsado por la poderosa caudal en forma de media luna, en menos de 2 segundos el tiburón pasa de 6-7 km/h a una velocidad punta de casi 50 km/h; y décimas de segundo antes del contacto todavía puede realizar alguna corrección en su propia trayectoria mediante las aletas pectorales... y la víctima está perdida... o casi. A veces el tiburón emerge con un lobo marino incrustado entre sus dientes, y otras muchas el pinnípedo salva la primera dentellada mortal y sale proyectado en otra dirección —en estos casos el tiburón a menudo vuelve la cabeza como para localizarlo visualmente—, con un buen susto o con una buena herida... o por algún azar esquiva la brutal acometida y desesperadamente emprende la huida, que cuanto más dure en el tiempo más posibilidades tendrá de salvarse.

De arriba abajo y de izquierda a derecha, fotos de Sergio Riccardo, Dirk Schmidt, Chris Fallows y Dirk Schmidt.
En Seal Island muchos lobos marinos exhiben gloriosas heridas y cicatrices de guerra.

2. Aéreo. Seguramente el salto más espectacular. El tiburón sale "volando" —casi literalmente— por encima de la superficie, regresando al agua tras completar un giro de hasta 360º, tal es la potencia desplegada. En ocasiones, en el momento de mayor altura parece como si se quedase suspendido en el aire antes de dejarse caer en plancha.

Foto: Steve Bloom.
El tiburón generalmente se aproxima a su víctima desde un ángulo lateral o posterior, y como en el primer caso, no siempre logra su objetivo a la primera, dando lugar a una cacería en la que ambas partes ponen en juego diversas estrategias que escapan al tema de este artículo.

De arriba abajo y de izquierda a derecha, fotos de: <www.couriermail.com.au>, Ralph Boehm, Nikolaj Zinovev, Mark van Coller.

3. De superficie. Es el menos espectacular. De hecho, en realidad no se puede hablar de salto en el sentido habitual del término. No es fruto de una emboscada como los anteriores, sino de una persecución que se ha iniciado momentos antes viniendo desde atrás, en un ángulo cerrado. Sin embargo, la potencia y velocidad de la acometida suele empujar fuera del agua la mitad anterior del tiburón y en ocasiones el cuerpo entero.

De arriba abajo y de izquierda a derecha, fotos de Dan Callister, Chris Fallows, Liron Samuels, David Baz Jenkins.

Otra clasificación posible. Para daros una idea de la complejidad de este comportamiento, otros autores distinguen, tras el Polaris, tres tipos de ataque: superficial (Surface broach), lateral (Lateral broach) e invertido (Inverted broach). En el primero, el tiburón sale total o parcialmente del agua con el cuerpo inicialmente en posición vertical pero con el eje corporal formando un ángulo de 45-0º con el horizonte; el segundo es similar, excepto que el cuerpo emerge ya con una orientación lateral (el ángulo de su eje respecto del horizonte es igualmente de 45-0º); y en el tercero, el tiburón salta panza arriba. En los tres casos, el animal regresa al agua a una distancia del punto de salida de alrededor de 0,5-1,5 veces su longitud corporal.

Secuencia fantástica de Alessandro De Maddalena, uno de los grandes especialistas en el tiburón blanco.
Y para terminar, unas imágenes de la extraordinaria serie de la BBC Planet Earth, acompañadas por la voz del inigualable Sir David Attenborough.


PS: A veces, los saltos del tiburón blanco no acaban como tienen que acabar. Bien porque el animal, por inexperiencia o por lo que sea, no hace los cálculos correctos, bien porque los seres humanos somos así de pesados y nos colocamos en el lugar y posición menos idóneos, a veces ocurre que un tiburón acaba aterrizando... dentro de una embarcación, tal como podéis ver en las fotografías de abajo. Las dos superiores son capturas de vídeo que muestran un ejemplar joven que terminó encima de un barco repleto de turistas alemanes (no, no estaba la Merkel), quienes, entre sorprendidos y aterrorizados, fueron testigos de como el pobre bicho se debatía desesperadamente por regresar al mar (lo consiguió al cabo de unos pocos minutos).


En las dos fotografías de abajo aparece un ejemplar de 3 m y casi 500 kg que aterrizó en la bañera de una lancha de unos científicos, justo al lado del que estaba echando cebo. Cuando al animal se agotó y/o tranquilizó, y ante la imposibilidad de devolverlo por si solos al agua, los científicos se vieron obligados a volver a tierra. Con ayuda de una grúa lo depositaron en el agua, lo amarraron a un costado del barco y lo llevaron mar adentro, para que se fuese ventilando. Parece que sobrevivió.

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¹Dirk Schmidt (2011). White Sharks: Magnificient, Mysterious and Misunderstood. Cape Town, Sunbird Publishers.
²Por si a alguno eso del Polaris os suena a chino, en la imagen de la derecha tenéis un A-3, su última versión (la foto de la izquierda es de Chris Fallows).


³Véase R. Aidan Martin, Neil Hammerschlag, Ralph S. Collier & Chris Fallows (2005). Predatory behaviour of white sharks (Carcharodon carcharias) at Seal Island, South Africa. Journal of the Marine Biological Association of the UK, 85, 1121-1135.

jueves, 4 de agosto de 2016

Los tiburones de Galicia (ii)

Esta hembra de cañabota (Hexanchus griseus) fue capturada accidentalmente en el Chan de Touriñán, a pocas millas de Camariñas, por un arrastrero de Ribeira. Medía 450 cm y portaba cerca de 40 embriones a término (foto: Antonio Parada).

=>Viene de Los tiburones de Galicia (i).

TIBURONES DE AGUAS PROFUNDAS

A la vista de lo anterior ya no debe extrañarnos que el 62% de los tiburones de Galicia sean habitantes de las aguas profundas. De hecho, contamos con la presencia de las dos especies con los mayores registros mundiales de profundidad: el tollo raspa (Etmopterus pusillus), que llega hasta los 4500 m en el Atlántico norte, y la pailona (Centroscymnus coelolepis), con 3675 m. Por su singularidad y por ser también las grandes desconocidas dentro del mundo de los tiburones, estas especies merecen un capítulo aparte. En general, son tiburones pequeños a medianos, de 100-150 cm de talla media. Algunos pueden acercarse a los 2 m de longitud, como la negra (Dalatias licha), o bien superar los 5 m, como los grandes depredadores de las profundidades, la cañabota (Hexanchus griseus), de hasta 5,5 m, y el tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus), que puede alcanzar los 7 m. Ambos son cazadores altamente oportunistas, sobre todo el segundo, que recorren lentamente las profundidades engullendo todo lo que encuentran en su camino: mamíferos marinos enfermos o despistados, peces, otros tiburones y, por supuesto, carroña.

En el mar profundo se encuentran dos de nuestras mayores joyas ictiológicas, que pueden considerarse fósiles vivientes: el tiburón anguila (Chlamydoselachus anguineus) y el tiburón duende (Mitsukurina owstoni), con el larguísimo y característico morro espatulado y la mandíbula increíblemente protráctil dotada de dientes afilados como agujas.

1. La visera (Deania calcea) tiene un largo morro espatulado parecido al del tiburón duende, repleto de sensores eléctricos para detectar sus presas en la oscuridad del fondo (foto: Toño Maño). 2. El tiburón duende (Mitsukurina owstoni) presenta en fresco una piel rosada, color que no es debido a ningún tipo de pigmento, sino a la red de capilares bajo la piel translúcida (foto: Toño Maño). 3. Este ejemplar de tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus) de 330 cm, capturado en junio de 2006 cerca de las Sisargas, es uno de los dos registros de la especie en el mar de Galicia (foto: Antonio Parada).

Con luz propia —nunca mejor dicho— brillan los tres únicos miembros de la extensa familia Etmopteridae presentes en Galicia. Estos pequeños tiburones, conocidos justamente en inglés como lantern sharks o "tiburones linterna", se caracterizan por tener la piel cubierta de fotóforos, particularmente en la zona ventral y en diferentes áreas de los flancos y las aletas, a veces formando manchas bien visibles. Recientemente se demostró que la bioluminiscencia no solo sirve para camuflarse —el brillo azul del vientre diluye la silueta del tiburón contra el tenue brillo de la luz procedente de la superficie, sustrayéndola de la vista de sus depredadores y de sus presas—, sino que constituye un particular sistema de comunicación intraespecífico, mediante el cual un tollo o negrito podría identificar a los individuos de su misma especie y también conocer su sexo¹.

El negrito (Etmopterus spinax) es relativamente frecuente en el cantil. El vientre y las franjas oscuras sobre las aletas pélvicas, la caudal y en los márgenes superiores de las dorsales denotan la presencia de fotóforos (foto: CEMMA).

¿TIBURONES PELIGROSOS O TIBURONES EN PELIGRO?

Solo con nombrarlo, el tiburón consigue despertar sentimientos de terror y, casi, de histeria colectiva. Incluso en Galicia, donde no hay especies peligrosas cerca de las playas. Por ignorancia activa o pasiva, parece que nos resistimos a aceptar contra toda evidencia científica y estadística que la realidad no solo desmiente nuestras fantasías de naturaleza mitológica, sino que resulta insoportablemente más cutre y deprimente. Este año llevamos más muertos en todo el mundo por culpa de los selfies que por los tiburones, y en Galicia está más que demostrado que las coces del ganado son infinitamente más letales.

Según el ISAF (siglas inglesas para Archivo Internacional de Ataques de Tiburón), en 2014 se produjeron en el mundo 72 ataques no provocados, de los cuales solo 3 resultaron fatales² —si bien la media anual de víctimas mortales de la última década es de 12—. Si ponemos estos números en relación con los millones de personas que en todo el planeta pasan millones de horas metidas en el agua a lo largo de millones de kilómetros de costa, el porcentaje de accidentes es, como poco, absurdo.

En realidad son estos animales los que nos deben tener miedo a nosotros. Los tiburones y las rayas se encuentran entre las especies más amenazadas del océano. Se calcula que unos 100 millones de tiburones mueren cada año en todo el mundo, y existen evidencias de un descenso general de las poblaciones particularmente alarmante en ciertas especies y en determinadas áreas geográficas. Los motores principales de este desastre son la demanda desmesurada de aleta por parte del mercado asiático (China) y, en las especies de profundidad, el aceite de su enormes hígados, que se utiliza en la industria cosmética y en la alimentaria, para la elaboración de complementos nutricionales.

1. El quelvacho (Centrophorus granulosus) es uno de los tiburones considerados En peligro crítico por la UICN (foto: Toño Maño). 2. Pailona (Centroscymnus coelolepis) (foto: Rafael Bañón). 3. Tollo raspa (Etmopterus princeps), el récord de profundidad de todos los tiburones, seguida por la especie anterior (foto: Antonio Punzón, IEO Santander).

Según la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), el 25% de los condrictios del mundo —grupo que incluye también las rayas y las quimeras— se encuentra en serio peligro de extinción, un 12,7% está Casi amenazado, y solo un 23,2% se considera "Preocupación menor"; a lo que hay que añadir un preocupante 46,8% sin evaluar por falta de datos. En Europa, el 40,4% de los elasmobranquios (rayas y tiburones) están en peligro, dentro de una tendencia poblacional a la baja: el 11,5% está En peligro crítico; el 13%, En peligro; el 7,6% se considera Vulnerable; y un 10,7% Casi amenazado. No disponemos de datos para evaluar correctamente el 20,6% de las especies³.

Las causas de esta trágica situación son la sobreexplotación pesquera, como especies objetivo y como capturas accidentales, que en artes como el arrastre de fondo son muy grandes, la degradación de sus hábitats y la contaminación. Y, por supuesto, su propia biología, ya que los tiburones, como los grandes depredadores, tienen una tasa reproductiva bastante baja, particularmente los de aguas profundas. En general, son especies de crecimiento lento y madurez sexual tardía, y producen pocas crías tras un tiempo de gestación muy largo, como los 24 meses de la mielga (Squalus acanthias) o los 3 años del tiburón anguila, si las estimaciones de Tanaka son correctas, lo que la convierte en la gestación más larga de todos los vertebrados de la Tierra.

Los tiburones nadaron en el mar de Tetis y en el océano global de Panthalassa, vivieron la formación y la desintegración de Pangea y el nacimiento de los continentes y océanos actuales. Vieron la llegada y la partida de los dinosaurios, y asistieron con indiferencia a la aparición de los mamíferos sobre la Tierra. El tiempo de los tiburones queda fuera de la escala humana. Es un tiempo geológico, por eso nos resultan tan misteriosos y fascinantes. En su ADN llevan escrita la historia del mundo tal y como lo conocemos, y también nuestra propia historia.

Da pena pensar que todo este patrimonio se pueda perder para siempre.


Toño Maño

Originalmente publicado en gallego en la revista digital CERNA, nº 74, otoño 2015. La traducción es del autor.
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¹J. M. Claes et al. (2014). Iso-luminance counterillumination drove bioluminiscent shark radiation. Scientific Reports, 4: 4328, doi: 10.1038/srep04328.
²<https://www.flmnh.ufl.edu/fish/sharks/isaf/2014Summary.html>, consultado el 19/09/2015.
³Boris Worm, Brendal David, et al. (2013). Global catches, exploitation rates, and rebuilding options for sharks. Marine Policy, no. 40, pp. 94-204. Accesible en la Red: <http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0308597X1300005>.
Nicolas K. Dulvy et al. (2014). Extintion risk and conservation of the world's sharks and rays. eLife, 2014;3:e00590, <http://elifesciences.org/content/3/e00590e>.
Véase también A. Nieto et al. (2015). European Red List of Marine Fishes. Luxembourg, Publications Office of the European Union. <http://ec.europa.eu/environment/nature/conservation/species/redlist/downloads/European_marine_fishes.pdf>.
Sho Tanaka et al. (1990). The Reproductive Biology of the Frilled Shark, Chlamydoselachus anguineus, from Suruga Bay, Japan. Japanese Journal of Ichthyology, vol. 37, no. 3, pp. 273-291.