Toda la información y noticias relacionadas con el mundo de los tiburones: biología, ecología, pesca, conservación, etc., con especial atención a las especies presentes en aguas de Galicia.

lunes, 31 de julio de 2017

Negra (Dalatias licha)

Dalatias licha (foto: Rafael Bañón).

Negra

Dalatias licha (Bonnaterre, 1788)

(es. Negra, carocho; gal. Gata torpedo, torpedo; in. Kitefin shark; port. Gata.)

Orden: Squaliformes
Familia: Dalatiidae

En mayo pasado aparecía en la playa de A Lanzada un extraño bicho que llamó mucho la atención de propios y extraños. Las fotos, en las que se apreciaban sus enormes dientes inferiores, no tardaron en circular masivamente por las redes sociales. Mucha gente se mostraba alucinada —en algún caso dejando traslucir una pizca digamos que de desasosiego— al conocer que en nuestras aguas habita un tiburón de aspecto tan particular e inquietante. Y la verdad es que razón no les faltaba, al menos en parte. La negra o carocho es un bicho fascinante, misterioso, con la enigmática y desconcertante belleza que solo pueden tener los tiburones de aguas profundas (si, ya sé, esto es muy subjetivo). Pero al mismo tiempo es un voraz depredador, probablemente solitario, tan temible como versátil, dotado de una poderosísima mandíbula con la que ataca y devora todo lo devorable, incluidos otros tiburones. Además, la especial estructura de su boca y dientes le permite abalanzarse sobre presas de mayor tamaño y arrancarles pedazos de carne a la manera de sus compañeros de familia, los famosos tiburones cigarro (género Isistius): labios gruesos y carnosos que permiten pegarse como una ventosa a sus cuerpos; dientes superiores finos y afilados como ganchos, que ayudan a anclarse sobre la piel de la víctima, y dientes inferiores grandes e imbricados que actúan como una broca sacabocados [para saber más sobre los Isistius, véase estos dos artículos: El ataque del tiburón cigarro y Cuando el pez chico ataca al pez grande. El primero trata del primer ataque registrado a un ser humano y el segundo... a un gran tiburón blanco].
     No obstante, y como debería ser normal tratándose de tiburones —que al fin y al cabo no son otra cosa que peces—, no hay ningún motivo para la alarma. Los dominios del Dalatias licha se encuentran bien lejos de nosotros, en el mar profundo, y además el pobre animal no sobrepasa el metro ochenta de longitud. Quien de verdad tiene motivos para preocuparse, y mucho, es él... y todos quienes deseamos que no desaparezca del océano. Su enorme hígado, rico en aceites, responsable de la flotabilidad neutra que le permite permanecer quieto sobre la negrura del fondo al acecho de sus presas, ha sido también la causa de su declive al convertirle en objetivo de la flota pesquera de profundidad (su carne también es apta para el consumo). Y ya sabemos cuál es el drama de los tiburones del mar profundo: baja productividad, madurez tardía, gestaciones largas, etc. son factores biológicos que los vuelven extremadamente vulnerables a la presión pesquera.


Descripción. Cuerpo alargado y cilíndrico, muy rugoso debido a los fuertes dentículos dérmicos. Morro muy corto y redondeado. Narinas en posición casi terminal, con solapas triangulares. Grandes ojos ovalados y espiráculos relativamente grandes y redondeados. Boca dotada de labios gruesos y carnosos. Aletas dorsales sin espinas y de ápice redondeado: la primera, ligeramente menor que la segunda, tiene su origen claramente detrás de las pectorales; la segunda, sobre la base de las pélvicas. Pectorales pequeñas y redondeadas y caudal grande, con el lóbulo inferior poco diferenciado y el terminal grande y bien marcado. Como todos los squaliformes, carece de aleta anal.
Color uniforme, negruzco o pardo negruzco a grisáceo, a veces con un tono violáceo. Los jóvenes pueden presentar las aletas con un fino ribete blanquecino.

Primer caso documentado de albinismo. Macho de 90 cm capturado en el mar de Liguria en 2005.
(Bottaro et al. 2005, Marine Biodiversity Records).¹
Dentición. Dientes diferentes en ambas mandíbulas. Los superiores son largos y lanceolados, y se encuentran espaciados en cardas de varias hileras funcionales. Los inferiores son anchos, grandes y afilados como cuchillas, con bordes finamente aserrados, y están imbricados como formando un filo de sierra.

Izq: Foto de Asobi Tsuchiya, Wikipedia. Dcha: Detalle de la dentadura (foto: Rafael Bañón).
Talla. Máxima de al menos 159 cm, posiblemente hasta 182 cm, si bien la en su mayoría rondan los 120 cm. Al nacer miden entre 30-40 cm. Los machos maduran hacia los 100 cm —77-121 cm— y las hembras en torno a los 120 cm —117-159 cm.²

Reproducción. La información de que disponemos sobre la biología reproductiva de este tiburón sigue siendo limitada. Es una especie vivípara aplacentaria (ovovivípara) con saco vitelino. Camadas de 3 a 16 crías. Parece que se reproducen durante todo el año, aunque se detecta mayor actividad en los meses de verano y otoño². Capapé et al.³ señalan, a partir de investigaciones llevadas a cabo en la parte del Maghreb, que la especie se reproduce en años alternos y que el periodo reproductivo en esa región es el verano. Se calcula que puede vivir hasta los 32-36 años y alcanzan la madurez hacia los 15,5-21,5.²

Prácticamente un neonato. Foto: CEMMA (Coordinadora para o Estudo dos Mamíferos Mariños).
Dieta. El Dalatias es un cazador versátil con una dieta variada compuesta fundamentalmente de peces de aguas profundas, aunque no desprecia los cefalópodos ni los crustáceos, ni criaturas como los sifonóforos. Un estudio recientellevado a cabo en el Mediterráneo destaca que otros tiburones de profundidad constituyen una parte fundamental de su dieta: negritos (Etmopterus spinax), mielgas (Squalus acanthias) y olayos (Galeus melastomus). Esto puede deberse a una estrategia para eliminar la competencia de otros depredadores cuyos nichos ecológicos se solapan, o bien estas presas constituyen una valiosa fuente de lípidos para conservar su valioso hígado en buen estado de funcionamiento.

Hábitat y distribución. Especie demersal de la plataforma exterior y talud continental e insular entre los 37 m hasta, al menos, los 1800 m en aguas templadas y tropicales. Más común a partir de los 200 m, sobre todo hasta los 800 m. Se encuentra con preferencia cerca del fondo, aunque también en aguas intermedias.

Elaboración propia a partir de (1), (2), (3) y (4). Véase bibliografía.
Se encuentra en aguas de todo el mundo. En el Atlántico NE, desde el N de las Islas Británicas y parte del mar del Norte hasta España y Portugal, hasta Azores, Madeira, Canarias, dorsal Atlántica, y Marruecos hasta Camerún. También en el Mediterráneo, particularmente en su área occidental y central, y los océanos Índico y Pacífico central y occidental.

Pesca y conservación. Tradicionalmente capturado por el aceite de su hígado y su carne (en las Azores había una pesquería importante), se ha detectado una importante caída de sus poblaciones en aguas europeas del 62%, y las proyecciones hablan de un descenso del 52% para el periodo 2015-2102. Las cifras correspondientes al Atlántico NE son alarmantes: caída del 87% y una proyección del 64%².
     Las autoridades europeas han decretado un TAC=0 desde el 2013, pero la negra sigue formando parte de las capturas accidentales del palangre, el arrastre y otras artes de fondo. De ahí que, aunque a nivel global su estatus en la Lista Roja de la UICN es de Casi amenazado, sus poblaciones europeas se encuentran En peligro.

Ejemplar de 135 cm aparecido en la playa de A Lanzada el pasado 17 de mayo. Venía con un palangre. Fotos superiores: Luis, de Portonovo; inferiores: Vanessa Rodríguez.
_______________________________
NOTAS:
¹M. Bottaro, S. Ferrando, L. Gallus, L. Girosi & M. Vacchi (2005). First record of albinism in the deep-water shark Dalatias licha. Marine Biodiversity Records, vol 1, e10. doi: 10.1017/S1755267205001156. 
²R. Walls & Javier Guallart (2015). Dalatias licha. The IUCN Red List of Threatened Species 2015: e.T6229A8948357. Consultada el 30 de julio de 2017.
³C. Capapé, F. Hemida, J-P Quignard, M. M. Ben Amor & C. Reynaud (2008). Biological observations of a rare deep-sea shark, Dalatias licha (Chondrichthyes: Dalatiidae), off the Maghreb coast (south-western Mediterranean). Pan-American Journal of Aquatic Sciences, 3(3): 355-360
Joan Navarro, Lourdes López, Marta Coll, Claudio Barría & Raquel Sáez-Liante (2014). Short- and long-term importance of small sharks in the diet of the rare deep-sea shark Dalatias licha. Marine Biology. doi: 10.007/s00227-0142454-2.

OTRA BIBLIOGRAFÍA EMPLEADA:
(1) David A. Ebert, Matthias F. W. Stehmann (2013). FAO Species Catalogue for Fishery Purposes: Sharks, Batoids and Chimaeras of the North Atlantic. FAO, Roma.
(2) David A. Ebert, Sarah Fowler, Leonard Compagno, Marc Dando (2013). Sharks of the World: A Fully Illustrated Guide. Wild Nature Press, Plymouth. 
(3) David A. Ebert (2013). FAO Species Catalogue for Fishery Purposes: Deep-sea cartilaginous fishes of the Indian Ocean. FAO, Roma.
(4) Rafael Bañón, J. C. Arronte, Cristina Rodríguez-Cabello, Carmen Gloria Piñeiro, Antonio Punzón & Alberto Serrano (2016). Commented checklist of marine fishes from the Galicia Bank seamount (NW Spain). Zootaxa, 4067 (3), 293-333. http://dx.doi.org/10.11646/zootaxa.4067.3.2

viernes, 30 de junio de 2017

La pesca trágica (Paisajes cubanos)


De nuevo buceamos en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España para traeros esta pequeña joya. Procede de Por esos mundos, una revista ilustrada editada en Madrid durante el primer cuarto del siglo XX, entre 1900 y 1926. Este artículo apareció en el número 216, del 1 de enero de 1913, en su apartado Viajes y costumbres, páginas 29 a 31.
     Como siempre, transcribo fielmente el original, sin actualizar grafías, ortografía ni puntuación, con el objetivo de conservar ese sabor a viejo que tanto nos gusta.

PAISAJES CUBANOS. LA PESCA TRÁGICA

Diariamente, al romper la aurora, unas veces á las seis, otras á las siete, según la estación, sale de la bahía de la Habana el remolcador que arrastra mar adentro la gigantesca gabarra donde los carros encargados de la limpieza fueron amontonando, durante el lento transcurso de la noche, los detritus de la capital.
     El vaporcillo avanza intrépido, repitiendo ante las olas, con su movimiento de popa á proa, una especie de voluntariosa afirmación, y su chimenea humeante traza un brochazo blanco en la alegría azul de la mañana. Tras él, á corta distancia, va la gabarra: aparece medio hundida, como jadeante, bajo el peso de las basuras que el sol naciente pinta de amarillo; y aquellas inmundicias forman una pirámide de varios metros de altitud, un á modo de peñón flotante, cachazudo, entre la inmensidad verdosa del Océano y la canción esplendorosa hecha con añil y diamantes, del cielo tropical.
     El remolcador camina algunos momentos paralelamente á la costa y endereza luego su rumbo hacia el sitio que barre la corriente mundial del Golf-Stream [sic], corriente formidable, peregrina de todas las latitudes, que parece llevar consigo alguna recóndita inquietud del planeta. Una vez allí, el vaporcillo se detiene, y sobre el alboroto de aquellas olas andariegas, los tripulantes de la gabarra abren unas compuertas, y el agua invade rápidamente el interior del enorme lanchón, vencido bajo pesadumbre tanta; éste va tumbándose hasta que, de pronto, el promontorio de basuras, vestido generosamente de oro por el sol, se resquebraja y desconcierta, pierde su equilibro y cae al mar; la caída es terminante, á plomo. Después, el remolcador, dando una airosa media vuelta, emprende el regreso á la bahía, y la gabarra, completamente deslastrada, brinca alegre y grotesca sobre las aguas, con una alegría de animal que vuelve del trabajo.
     Las inmundicias quedan allí vaheando al sol un aliento de muerte, y poco á poco van dispersándose, azotadas por la impaciencia nerviosa del oleaje y del viento; algunas desaparecen pronto en el abismo; las demás, arrastradas por las ondas filantes, derivan hacia el Norte, tendiendo sobre el mar un camino pestífero, de muchos kilómetros.
     Los tiburones no faltan nunca á este copioso festín; llegan en legiones, y allí es donde los marineros, conocedores de sus mañas, acuden á pescarlos.
     Allí también fuímos nosotros, embarcados en un botecillo de doce pies de eslora. Éramos cinco. Arrióse la vela, y situados á barlovento para evitar las emanaciones malsanas de las basuras, comenzamos á preparar los anzuelos. El calor no molestaba aún; la brisa mañanera, fresca, retozona, peinaba con sus ágiles dedos la crestería espumeante de las olas; lejos, á una distancia mayor de seis millas, aparecían los bélicos perfiles del Morro y la Cabaña, y más allá, hacia poniente, el pintoresco caserío habanero, tendido gozosamente á lo largo de la plaza, bajo la magnificencia religiosa del sol.
     Un silencio absoluto rodeaba nuestra barquilla, pequeña, blanca, frágil, meciéndose rítmicamente sobre el abismo como una cuna. Los terribles escualos, reyes del mar Caribe, á cuya voracidad va unida una fiera leyenda de sangre, voltigeaban á nuestro alrededor como revolcándose entre los montones de basura; sus aletas dorsales, bruñidas por la luz, al cortar veloces el cristal de las aguas tranquilas, dejaban tras sí un rastro de espumas; se hundían, volvían á la superficie, trastornados por el regocijo de su digestión; algunos se aproximaban á nuestro esquife, cual si adivinasen que allí también había una presa. Inclinados sobre la borda los veíamos pasar suspendidos en la penumbra verdeante del abismo, con sus cabezas achatadas y enormes, el formidable timón de su cola y sus grandes aletas pectorales, dotadas de supremo vigor. La muerte nos rondaba, y esto me producía la exquisita emoción de terror que inspiran las simas.
     Al decir de los pescadores familiarizados con ellos, los había de muchas clases: zorros, cornudos, dientuzos, pintarrojos, alecrines, cabezas de batea... etc., toda una nomenclatura gráfica y colorista, que seguramente no figura en ningún tratado de Historia Natural.

     Los anzuelos, cebados con doradas carnazas, flotaban á una profundidad de quince ó veinte metros, y aquellas carnazas, irisadas extrañamente por la luz, tenían la alegría triunfal de las esmeraldas. Los marineros nos aconsejaban:
     —Cuando un tiburón "pica" hay que "darle cordel", porque el animal, al sentirse herido, se hunde instantáneamente, y es inútil y temerario sujetarlo.
     Y añadían:
    —Son muchos los pescadores que por hacerlo así fueron precipitados al mar... y no volvieron.
     Estas historias trágicas, sin gritos, desarrolladas en el silencio —silencio de infinito— del Océano, exacerbaban mi inquietud. Arrodillados sobre las bordas temblequeantes del bote, todos mirábamos hacia el abismo, el alma entera puesta en las carnazas verdes y brillantes. Los escualos se acercaban á ellas, alejábanse lentamente, volvían de nuevo, fluctuando quizás entre su glotonería inexhausta y el presentimiento de un peligro. Nadie hablaba á bordo. Los últimos montones de basura, arrastrados por el Golf-Stream, desaparecieron en el horizonte; el viento se había "echado"; cegaba la luz; abrasaba el sol; ya no se veía la costa; una luminosidad indescriptible, genuinamente tropical, flotaba sobre la superficie reverberadora, con reverberación furiosa del Océano dormido.
     Transcurrió otra hora, de angustiosa espera; los tiburones no se iban, pero tampoco parecían propicios al ataque. ¿Qué extraño recelo agitaba sus cerebros obscuros?...
     De pronto, uno de ellos, el más grande, se decidió; yo lo ví acercarse velozmente, dar una media vuelta que puso en un instante al sol la blancura de su vientre, y cómo en su bocaza, defendida por una triple fila de dientes, se apagaba la luz verde de la carnaza mortal. Inmediatamente el animal se hundió; más de cien metros de cuerda se llevó tras sí; luego, apenas sentimos que aquel primer impulso de fuga cesaba, todos, á la vez, empezamos a recobrar el cordel; el enemigo, trastornado por el dolor, volvía á la superficie; el botecillo, sin embargo, oscilaba rudamente bajo el esfuerzo de nuestros pies. Ya el tiburón estaba muy cerca, y sus aletas yacían abiertas, en gesto de súplica, cuando reaccionó; la claridad diurna le había despertado. Dió un coletazo formidable y tornó á hundirse. Lo dejamos ir. Así, cobardemente, permitiéndole marcharse unas veces y tirando de él otras, conseguimos fatigarlo.
     Miré á mis compañeros: les hallé graves, los labios contraídos, el ceño adusto, cual si aquel verdadero duelo á muerte comprometiese su dignidad; mascullaban los marineros palabras insultantes, y con el dorso de sus manos velludas restañaban el sudor que empapaban sus frentes. Era algo primitivo, sanguinario, evocador de los combates del hombre ancestral.

     Mucho tiempo duró la pelea. Al cabo, merced á terribles esfuerzos, el animal fué izado casi á la altura de la borda. El drama iba á tocar á desenlazarse. Mientras todos, agarrados al cordel del anzuelo, resistíamos los esfuerzos de la víctima, un marinero levantó entre sus brazos nervudos una barra de hierro, aguzada en forma de lanza, y esgrimiéndola cual si fuera un arpón, la clavó en el cráneo del escualo. Hubo un chirriar de huesos rotos, pero el hierro entró apenas; el segundo y el tercer golpe también fueron infructuosos. Loco de dolor, el tiburón se defendía, amenazando arrastrar el liviano bote tras sí, y su cola azotaba furiosa las aguas, levantando remolinos espumosos; todos estábamos empapados en agua y sudor, anhelantes, congestionados bajo el sol, que echaba sobre nuestras espaldas su abrazo de fuego.
     La barra de hierro, al fin, perforó los huesos del animal, que quedó suspendido de ella como de una ménsula. Otro marinero, entretanto, le rompía los dientes con una maza. Pero los estremecimientos agónicos del tiburón son temibles; era preciso desarmarle. Salieron á relucir los cuchillos y, en un santiamén, le cortamos la cola y las aletas, de donde aseguran los chinos que se obtiene un caldo excelente.
     No olvidaré nunca la expresión de aquella cabezota enorme, en cuya bocaza desquijarada por los golpes y en sus ojos inmóviles, amarillentos, la muerte extendía su majestad lívida. Después, la presa, viva aún, se hundió en el abismo.
     Enardecidos por el buen éxito del combate, preparamos de nuevo los anzuelos, y esperamos. La suerte tornó á favorecernos; cobramos otra pieza.

     A las tres de la tarde, tras nueve horas de lucha, volvíamos á tierra, tostados por el sol y la agria reverberación marina. El viento cantaba en la hinchada vela y el bote inclinábase gallardo sobre una de sus bandas; las aguas murmujeaban apacibles bajo el timón.
     Todos íbamos contentos, cual si aquellas escenas de sangre hubiesen servido de recreo á esa fiera que los hombres, aun los más mansos, llevan dentro. Y es que, repartida como se halla nuestra naturaleza entre las emociones antagónicas del Amor y la Muerte, no sabemos qué nos divierte más: si un placer ó un peligro.

Eduardo ZAMACOIS

martes, 16 de mayo de 2017

Los tiburones del banco de Galicia

Cañabota (Hexanchus griseus). Foto: Dan Hershman.
Rafael Bañón es en la actualidad el mayor referente en el estudio de la ictiofauna de Galicia (y no solo de Galicia). Su abundante producción científica es de obligada consulta para todo aquel que desee iniciarse y profundizar en su conocimiento. Hoy vamos a "saquear" de manera inmisericorde uno de sus últimos trabajos con el objetivo de completar toda la información de que disponemos (naturalmente, siempre hablando de tiburones) sobre una de nuestras áreas oceánicas más ricas en términos de biodiversidad, el banco de Galicia. Se trata de una lista comentada de las especies piscícolas registradas hasta hoy en esta zona: Rafael Bañón, J. C. Arronte, Cristina Rodríguez-Cabello, Carmen-Gloria Piñeiro, Antonio Punzón & Alberto Serrano (2016). Commented checklist of marine fishes from the Galicia Bank seamount (NW Spain). Zootaxa 4067 (3): 293-333. http://dx.doi.org/10.11646/zootaxa.4067.3.2.
     La lista recoge un total de 139 especies capturadas con diversas artes a lo largo de 9 campañas llevadas a cabo entre 1980 y 2011. De ellas, 23 son tiburones. Incluimos información sobre cotas, tallas (longitud total, LT) y sexo, así como el estatus de sus poblaciones europeas tal como se recoge en la Lista Roja de la UICN (última consulta, a fecha de hoy, 16-V-2017).

Orden Hexanchiformes

Familia HEXANCHIDAE

-Cañabota (Hexanchus griseus). Capturas entre los 682-1035 m. Tallas disponibles: 8 hembras de 130-355 cm y un macho de 73 cm. Casi amenazada.

Orden Squaliformes

Familia CENTROPHORIDAE

-Quelvacho (Centrophorus granulosus). Capturas entre 823-1119 m. De los 218 especímenes registrados, sólo 2 eran machos, ambos de 115 cm. LT de las hembras 107-166 cm. En peligro crítico.
-Quelvacho negro (Centrophorus squamosus). Mucho más abundante que el anterior, con más de 1300 especímenes capturados entre 749-1119 m. Machos entre 88-129 cm y hembras de 96-144 cm. En peligro.
-Visera (Deania calcea). Hasta 2009 todos los ejemplares del género Deania eran erróneamente catalogados como D. calcea. A partir de ese año solo hay 4 registros, todos ellos machos de 90-118 cm de LT capturados entre los 851-916 m. Preocupación menor.
-Visera áspera (Deania hystricosa). Cuatro capturas entre los 766-909 m. Solo disponemos de la LT de una hembra de 100 cm. Datos incompletos.
-Visera flecha (Deania profundorum). Hasta 2009 era erróneamente identificada como D. calcea. Desde entonces contamos con 83 registros positivamente identificados mediante estudios morfológicos y genéticos. Ejemplares de 25-88 cm de LT capturados entre los 749-1079 m. Machos entre 27-76 cm y hembras de 25-88 cm. Datos incompletos.

1. Centrophorus granulosus (foto: OCEANA). 2. Centrophorus squamosus (foto: OceanLab, University of Aberdeen). 3. Deania profundorum (foto: OCEANA). 4. Deania calcea (foto: IEO). 5. Deania hystricosa (foto: Pedro Niny Duarte (c)ImagDOP).
Familia ETMOPTERIDAE

-Negrito (Etmopterus spinax). A tenor del número de capturas, el tiburón más abundante. Cerca de 3000 ejemplares capturados entre los 643-115 m. Machos de 13-44 cm, hembras de 13-49 cm (más abundancia de hembras que de machos). Casi amenazado.
-Tollo lucero liso (Etmopterus pusillus). 643-936 m. Machos 33-45 cm y hembras 33-47 cm. En número, los machos superaron a las hembras en más de un 50%. Datos incompletos.
-Tollo raspa (Etmopterus princeps). 1460-1809 m. Machos entre 19-64 cm y hembras 18-60 cm. Preocupación menor.

Arriba: Etmopterus spinax (foto: Kare Telnes). Abajo izq. Etmopterus princeps (foto: Antonio Punzón, IEO Santander). Abajo dcha. Etmopterus pusillus (foto: Pedro Niny Duarte (c)ImagDOP).
Familia SOMNIOSIDAE

-Pailona (Centroscymnus coelolepis). Más de 300 ejemplares capturados entre los 749-1865 m. Machos de 83-100 cm y hembras entre 78-120 cm. Las hembras abrumadoramente más abundantes que los machos. En peligro.
-Sapata negra (Centroselachus crepidater). 823-1024 m. Un macho de 58 cm y hembras de 74-88 cm. Preocupación menor.
-Bruja (Scymnodon ringens). 712-1470 cm. Machos 26-84 cm y hembras 25-110 cm. Preocupación menor.
-Dormilón (Somniosus rostratus). 822-1119 m. Machos 76-106 cm y hembras 96-126 cm. Datos incompletos.

Familia OXYNOTIDAE

-Cerdo velero (Oxynotus paradoxus). 866-877 m. Tan solo dos registros, uno de los cuales midió 32 cm. Datos incompletos.

Familia DALATIIDAE

-Negra (Dalatias licha). 731-1115 cm. Machos entre 38-122 cm y hembras, mucho más abundantes, de 42-151 cm. En peligro.

Arriba (de izq. a dcha): Oxynotus paradoxus (foto: Marine Institute, Ireland); Dalatias licha (foto: CEMMA). Abajo (izq. a dcha.): Somniosus rostratus (foto: Trevor Meyer). Scymnodon ringens (foto: Ecología Azul-Blue Ecology).
 Lamniformes

Familia LAMNIDAE

-Marrajo (Isurus oxyrinchus). Ejemplares capturados en muestreos durante los años 80 de entre 125-245 cm. Datos incompletos.

Carcharhiniformes

Familia PENTANCHIDAE

-Olayo (Galeus melastomus). Solo una hembra de 70 cm capturada entre los 669-676 m. Preocupación menor.
-Olayo de Islandia (Galeus murinus). 1450-1683 m. Machos entre 29-41 cm y hembras 31-44 cm. Primera cita de la especie en aguas gallegas. Preocupacion menor.
-Pejegato fantasma blanco (Apristurus aphyodes). 18 ejemplares capturados entre los 1460-1809 m. Machos entre 24-39 cm y hembras 22-37 cm (en número, las hembras doblaron a los machos). Son, hasta el momento, los registros más meridionales de esta especie. Preocupación menor.
-Pejegato narizón (Apristurus melanoasper). Una sola hembra de 25 cm capturada a 1683 m. Preocupación menor.
-Pejegato abisal (Apristurus profundorum). Solo una hembra de 14 cm capturada a 1459 m. Este registro amplía la distribución septentrional de la especie en el Atlántico NW. Datos incompletos.

=>Más información sobre estos Apristurus en Apristurus en Galicia.

Familia PSEUDOTRIAKIDAE

-Musolón (Pseudotriakis microdon). Capturas entre 823-1119 m. Machos entre 186-220 cm y hembras 207-256 cm. Datos incompletos.

Pseudotriakis microdon. Foto: Rafael Bañón, Zootaxa 4067, 2016.
Familia CARCHARHINIDAE

-Tintorera (Prionace glauca). Hembras de 75-113 cm fueron capturadas durante la virada de la red de arrastre. Sin datos de profundidad. En los muestreos realizados en los años 80 se registran 13 capturas. Casi amenazada.


=> Para más información sobre el banco de Galicia véase En el banco de Galicia.
     Asimismo, es más que aconsejable visitar los tres artículos que el blog amigo Ecología Azul-Blue Ecology dedica a nuestra gran montaña submarina:
     ·El banco de Galicia 1/3: Ciencia marina.
     ·El banco de Galicia 2/3: Presión pesquera.
     ·El banco de Galicia 3/3: Ictiofauna.

sábado, 29 de abril de 2017

Los peces de la boca terrible (1946)

«El Carcharias littoralis, es un pariente del tiburón azul, con dos peces escuderos que le acompañan constantemente. Éstos se adhieren con las ventosas localizadas en su cabeza a los barcos o a los tiburones y de este modo se dejan transportar a través de los mares.»
Una vez más volvemos al pasado, esta vez a un pasado bastante reciente para lo que os tengo acostumbrados, con un texto especialmente delicioso procedente de de una vieja enciclopedia del reino animal publicada por Espasa-Calpe en el año 1946, cuyo primer tomo ("Los animales acuáticos y de las regiones polares") tuve la inmensa fortuna de conseguir en una librería de lance de Santiago hace un tiempo. Como curiosidad, la traducción del alemán fue realizada nada menos que por José María Sacristán, neuropsiquiatra discípulo de Ramón y Cajal y fundador de la primera revista de psiquiatría publicada en España, Archivos de Neurobiología.
     Aquí tenéis el capítulo completo dedicado a los tiburones (pp. 542-547), que no tiene desperdicio, incluidas las reflexiones iniciales. Como siempre, respeto escrupulosamente las grafías y puntuación del texto original. Tan solo he añadido un listado alfabético de correspondencias con los nombres científicos vigentes en la actualidad, así como una serie de notas a pie de página para aclarar algunas dudas y facilitar, cuando es posible, la identificación de las especies. Las fotografías pertenecen al original.

EL REINO DE LOS ANIMALES
EL ANIMAL EN SU MEDIO AMBIENTE

Por los doctores 
ARTHUR BERGER Y JOSEF SCHMID

Con informes originales y descripciones de animales tomadas de naturalistas, cazadores y viajeros.

(Traducción del alemán del Doctor José M. Sacristán.)

***

Los peces de la boca terrible

     Las ideas que el hombre primitivo tiene del animal ponen de manifiesto tanto su valor como su «buen corazón». Lo que es de mayor tamaño que él es peligroso; lo que se mueve de modo distinto que él, inquietante, maligno o incluso venenoso. En estos recelos respecto de los animales se halla implícita la idea inconfesada de que todo lo que tiene otro ser de particular lo emplea principalmente para perjudicar. Llama la atención sobremanera este criterio respecto de las pequeñas serpientes, las serpientes del grueso de una paja, hasta de 15 centímetros de longitud, que se encuentran en los países tropicales. Su boca es precisamente lo suficiente grande para tragar hormigas o pequeñas orugas, y con ella no consiguen agarrar un dedo humano; pero en sus extremos cefálico y abdominal se hallan redondeadas y tienen, por tanto, la forma de dos cabezas, lo que ha engendrado la idea en las diferentes partes de la Tierra (por ejemplo, en los chinos del Sur y en los negros del Senegal) de que son tan venenosas porque tienen dos cabezas, con objeto de transmitir al morder grandes cantidades de veneno.
     «Por lo que respecta a los tiburones —dice William Beebe—, les ha sido concedido por la leyenda y la fantasía lo que nunca llegaron a poseer. A nosotros los hombres nos gusta construir con cosas que en sí mismas son admirables un espantapájaros de paja y papel; lo inflamos después con aire caliente, lo contemplamos, gritamos y echamos a correr espantados. El grito anunciando una «serpiente» o un «tiburón» es suficiente para despertar el pánico en las almas asustadizas. En todos estos temores existe igual cantidad de verdad: de las 2.300 especies, aproximadamente, de serpientes que viven hoy, menos de la centésima parte son realmente peligrosas, y desde el comienzo de la historia de la Tierra ha habido ciertamente casos de tiburones que han atacado al hombre; pero quien en general condena a estos animales no debe nunca utilizar un automóvil, porque los automóviles han atropellado y matado hombres...
     »En Cocos hay tres clases de tiburones. Los de manchas blancas y los insulares¹ son nómadas, de costumbres semejantes a las de los buitres. No despiertan temor alguno a los peces pequeños y débiles; van siempre en busca de animales heridos o muertos. Son predominantemente necrófagos, y cuando empleamos la dinamita los tiburones limpian el agua y las aves la superficie de víctimas más pequeñas que quizá habían escapado a nuestra atención...
     »La capacidad de la fantasía humana, que llega a ver lo que cree que ve, es asombrosa. Mientras me hallaba dominado por el temor a los tiburones, que los libros y las historias me habían enseñado a temer, veía yo a estos animales de 1,75 hasta 2,75 metros de longitud, dotados de fauces espantosas, como seres que muestran los dientes burlonamente. Después que al fin les hube conocido como necrófagos inofensivos, desaparecieron todos estos rasgos de su carácter y los consideré como en realidad son: cobardes, perezosos, torpes y sin mandíbulas. Un múgil pesa mil veces más que un tiburón y es doblemente valiente.
     »Por lo que respecta al tiburón-tigre, que por lo demás en mi dominio puede llegar a una longitud de nueve metros², me abstengo de decidir acerca de su peligrosidad. Yo he visto que ejemplares de tamaño mediano se acercaban hasta dos metros de mí sin manifestar intención alguna mala, sino curiosidad; pero también he visto cómo un tiburón-tigre, ante la vista de un grupo de machos de gran tamaño, agarraba con los dientes una cría de león marino como si fuese un pez vario; asimismo he observado que a veces su aspecto infundía miedo a los peces, y lo he tomado en cuenta. Prefiero considerarle como un tipo con el cual no puede uno contar. Puede de ordinario no ser peligroso; sin embargo, me tranquiliza saber que entre dicho animal y yo hay una escala de hierro, si es que tengo que habérmelas con él.»

(Tomado de William Beebe: Arkturus-Abenteuer. Con autorización de la Editorial F. A. Brockhaus, Leipzig.)

     De un modo semejante se manifiestan todos los técnicos conscientes de su responsabilidad. Schauinsland escribe sobre la especie Carcharias³ lo que sigue:
     «En un lugar del Rif, que habían elegido como residencia favorita, eran realmente tan frecuentes que en la marea baja, cuando nadaban cerca de la superficie y sus espinas dorsales surgían del agua, podían contarse por centenares... Nosotros (es decir, el señor y la señora Schauinsland) los pescábamos de ordinario metiéndonos en el agua hasta las caderas, y arrojábamos al más próximo un arpón sujeto a un cable. Cuando el animal había sido acertado, entonces era preciso encaramarse inmediatamente a un bloque de corales, porque si al principio parecían tan inofensivos, ahora se habían tornado furiosos. Me parece que entre los tiburones, del mismo modo que se ha referido de otros animales, los hay antropófagos, los cuales sólo después de haber gustado este raro bocado tratan preferentemente de buscar tan preciosa caza. Tampoco en Laysan tuvo gusto en ello ningún tiburón, porque aunque todas las tardes buscábamos el descanso nadando en las tibias aguas, no nos molestaron, como tampoco nada nos ocurrió durante todo el tiempo que duró nuestra visita a la isla de los trabajadores de guano, donde nunca se produjo ataque alguno al hombre.»

(Tomado de Hugo Schauinsland: Drei Monate auf einer Koralleninsel.)

«El Scyllium en sus juegos amorosos.»
     «El tiburón, por decirlo así, no se halla formado por la Naturaleza para capturar a un hombre que nada sobre la superficie del agua —dice Arthur Berger—. Su boca se encuentra, como es sabido, en la cara inferior de la cabeza y bastante más atrás del extremo del hocico. Por esto se explica que capture su presa, o el cadáver de ella, arrastrándose sobre el fondo del agua, aunque en el mar abierto tiene que apresarla nadando por encima de ella. Pero frente a un hombre que nada en la superficie del agua, tiene que dar la vuelta para poder atraparle, y como el tiburón vira relativamente despacio, da ocasión a los buenos nadadores a escapar a su ataque sumergiéndose más. Me refirió una señora de Kapstadt que de este modo pudo ella salvarse. Para ello es necesario muy buena capacidad de sumersión y de sangre fría —del mismo modo que para hundir los pulgares en los ojos de un tigre que ha hecho presa en un individuo, modo de defensa que se recomienda en China—. Pero que también los buenos nadadores han sido ocasionalmente apresados por los tiburones, lo demuestra un buzo de Aden, cojo conocido de muchos viajeros, al cual uno de estos peces le arrancó una pierna de un bocado. En Méjico, lo mismo que en Samoa y en las islas Hawai, se practica aun hoy la «caza del tiburón como deporte». En el momento que el animal se halla a la vista, un indígena nada lo más cerca posible de él, da vueltas a su alrededor, bucea y le abre el cuerpo con un cuchillo.»
     El tiburón polar es una de las especies que a causa de su aceite es muy perseguido, especialmente por los noruegos y rusos. Un animal adulto proporciona en otoño de uno a seis quintales de aceite. Un bote destinado a la pesca del tiburón lleva una tripulación de cuatro hombres y echa el ancla a 200 kilómetros de la costa. R. Andrée refiere sobre ello lo siguiente:
     «En un depósito agujereado se echa aceite, sebo u otra grasa y se hunde en el agua después de haberle lastrado con una piedra. La grasa se filtra por los agujeros del recipiente, la corriente del agua la arrastra y extiende en torno un intenso olor que seduce desde lejos a los tiburones. Acuden éstos ansiosos, pero un gran aparejo de pesca les espera: un gancho amarrado a una cadena de hierro (el animal, con sus dientes afilados como un cuchillo, partiría sin esfuerzo el más recio chicote). Mientras con ansia atrapa el cebo, muerde el gancho. Con todas sus fuerzas tres pescadores tratan de izar al prisionero a la superficie del agua. El cuarto pescador, que tiene que ser muy hábil, espera en la parte anterior del bote con un martillo en la mano que pesa 20 libras. Cuando aparece la cabeza del tiburón en el agua, descarga sobre ella un terrible golpe, que deja al pez inmediatamente atolondrado. Los marineros le dan la vuelta y le abren el vientre. Después de que el aceite ha sido extraído y se ha recogido, se infla la vejiga natatoria del animal con un tubo, se le separa del gancho y se le arroja al mar. El tiburón muerto no se hunde; de lo contrario sería comido por sus compañeros, y ninguno de ellos acudiría ya al cebo preparado.» 

(Tomado de Richard André: Der Kampf um den Nordpol. Editorial Verlhagen und Klasing, Bielefeld Y Leipzig.)

    *

     Los tiburones se hallan en todas partes, pero principalmente en los mares cálidos; se conocen aproximadamente 400 especies, y la mayoría de ellos son excelentes nadadores. Por todas partes se les persigue y se les pesca con facilidad, gracias a su gran voracidad, mediante recios anzuelos con un cebo apropiado a su gusto. El tiburón de espina, el martillo —llamado anteriormente tiburón gigante—, son perseguidos a causa de su aceite (almacenado principalmente en su hígado, de voluminoso tamaño). Las especies más pequeñas del mar del Norte, y accidentalmente también del mar Báltico, son el tiburón de espina, gato, perro, pulido; su carne se vende en el mercado. La especie de mayor tamaño del mar del Norte y del Báltico es el tiburón arenque; el tiburón polar y el azul son huéspedes extraviados llegados al mar del Norte.
     Los ejemplares más pequeños son los de la especie Scyllium, hasta de un metro de longitud; sus conocidos huevos, llamados «ratones marinos», se hallan sujetos a las plantas marinas con largos cordones en forma de zarcillos. El Acanthias vulgaris llega, aproximadamente, a un metro de longitud y 10 kilogramos de peso. Es vivíparo, y al final del otoño se pesca en gran cantidad en Heligoland. Las espinas de su aleta dorsal las emplea con destreza y causa con ellas terribles heridas. Su piel se usa para pulimentar. Los desperdicios de lo que resta en ellos de aprovechable se utilizan como abono.
«Ratones de mar», huevos de Scyllium.

     El tiburón de mayor tamaño, mayor viveza y voracidad del mar del Norte y del Báltico oriental es el Lamna cornubica, de 3 a 4 metros de longitud, de cabeza prolongada en forma de nariz. Ataca en ocasiones a los bañistas y es muy frecuente en todos los mares del norte del Atlántico y del Pacífico. En todo el Atlántico (incluído el Mediterráneo) y en la totalidad del océano Pacífico abunda el Alopecias vulpes; llega hasta 5 metros de longitud, de los cuales la mitad está formada por la cola; caza en grupos peces vivos (arenques, sardinas, anchoas), y cruza, azotando el mar con la cola, los bancos, manteniendo reunidos a los peces que los forman, por lo que puede devorar a sus víctimas en grandes cantidades.
     El grupo más conocido es la especie Carcharias, de la cual, a su vez, lo que más el C. glaucus, de una longitud máxima de 6 a 7 metros¹⁰. Vive en el océano Atlántico (incluído el Mediterráneo); posee parientes en los océanos ͍ndico y Pacífico, y la mayor parte de todas las historias de aventuras y horrores relativas a los tiburones se refieren a él.
     Una de las formas que más llama la atención, casi podía decirse la «más atrevida» de la totalidad de la familia de estos peces, es el tiburón polar (Laemargus borealis; el haakjerring de los noruegos), de 6 a 8 metros de longitud. Habita principalmente los mares profundos y superiores y caza peces, así como pequeñas y grandes ballenas, a las cuales arranca pedazos del cuerpo, del tamaño de un coco, hasta que sucumben. Se considera inofensivo para el hombre.
     Estamos totalmente de acuerdo, sin embargo, con Arthur Berger cuando refiere que, «no obstante, perdura una impresión muy inquietante en los botes pequeños que van a la caza de patos, cuando les rodean un par de gigantescos tiburones polares. Sabemos, en efecto, que el tiburón polar es inofensivo para el hombre —los libros de Zoología nos lo enseñan—; pero ¿podemos saber si todos los tiburones también lo saben, y pensamos, cuando se acercan a nosotros, que lo saben?»
     Los tiburones vivientes de mayor tamaño son: el tiburón gigante (Selache maxima), que alcanza una longitud de 10 a 12 metros y un peso de varios miles de kilogramos; vive al norte del océano Atlántico y pude llegar, como ya se dijo, ocasionalmente hasta el mar del Norte. Además, un pariente del Lamna cornubica, el Carcharodon rondeleti, que igualmente mide de 10 a 12 metros¹¹, habitante de las zonas calientes que se extienden desde Australia hasta el Mediterráneo; no se conoce nada acerca de sus modos de vida. El gigante de estos animales es el tiburón rugoso, que alcanza hasta 20 metros¹².
     En el océano Pacífico se han capturado con la jábega dientes de tiburón de una especie de Carcharodon, de 13 metros de talla y 10 de anchura en la base¹³. ¿Existe aún este monstruo en la profundidad del mar o se ha extinguido recientemente? Probablemente ha ocurrido esto último. Formas totalmente curiosas son las del tiburón-martillo, llamado así por la forma particular de su cráneo, única en el reino animal. Pertenecen a un grupo conocido desde antiguo, desde la época cretácea. De las especies que viven en la actualidad se halla el Zygaena malleus casi en todos los mares cálidos; a veces se aventura hasta las costas del norte de Europa. Es de 3 a 4 metros de longitud y pesa hasta 300 kilogramos, y es también peligroso para el hombre. En los Pristiophorus el maxilar superior se halla provisto de un largo y afilado diente epidérmico «sierra»; se establecen al modo de los patos, en el cieno del fondo, para buscar toda clase de animales para su alimentación. Al defenderse pueden ocasionar profundas heridas.

DOCTOR RUDOLF MELL


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Correspondencias de los nombres científicos:
-Acanthias vulgaris (Risso, 1827) => Squalus acanthias (Linnaeus, 1758), mielga.
-Alopecias vulpes (Gmelin, 1789) => Alopias vulpinus (Bonnaterre, 1788), zorro marino.
-Carcharias (Müller & Henle, 1839) => Carcharhinus (Blainville, 1816). 
-Carcharias glaucus (Linnaeus, 1758) => Prionace glauca (Linnaeus, 1758), tintorera.
-Carcharias littoralis (Le Sueur, 1818) => Carcharias taurus (Rafinesque, 1810), tiburón toro.
-Carcharodon rondeletii (Müller & Henle, 1839) ["rondeleti", en el texto] => Carcharodon carcharias (Linnaeus, 1758), tiburón blanco.
-Laemargus borealis (Bonaparte, 1846) => Somniosus microcephalus (Bloch & Schneider, 1801), tiburón de Groenlandia.
-Lamna cornubica (Gmelin, 1789) => Lamna nasus (Bonnaterre, 1788), cailón.
-Scyllium (Cuvier, 1816) => Scyliorhinus (Blainville,1816), aquí se refiere a la pintarroja (Scyliorhinus canicula).
-Selache maxima (Gunnerus, 1765) => Cetorhinus maximus (Gunnerus, 1765), peregrino.
-Zygaena malleus (Valenciennes, 1822) => Sphyrna zygaena (Linnaeus, 1758), tiburón martillo.
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Notas:

¹Tal vez el primer caso se refiere al tiburón de puntas blancas de arrecife (Triaenodon obesus).
²Compagno se hace eco de esta referencia: "Maximum [size] reputed to be about 9.1 m, but this cannot be confirmed" (Leonard J. V. Compagno (1984). FAO Species Catalogue. Vol. 4. Sharks of the World, Part 2: Carcharhiniformes. FAO, Rome). Por lo general, los tiburones tigre rondan como mucho los 5 m, si bien las hembras más grandes si pueden sobrepasar los 5,5 m. Existe un registro, que algunos consideran dudoso, de una enorme hembra de 740 cm capturada en Indochina en 1957.
³Referencia confusa. Puede tratarse tanto del Carcharias taurus, como de cualquier carcharhínido (género Carcharhinus, anteriormente Carcharias, Müller & Henle, 1839). La alusión a las "espinas dorsales" no ayuda precisamente a esclarecer las cosas.
Tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus).
El "tiburón de espina" probablemente es la mielga (Squalus acanthias), y el martillo, parece obvio que alguna variedad de Sphyrna; acaso, atendiendo a la expresión "tiburón gigante", el mayor de todos, el Sphyrna mokarran, que puede alcanzar los 6 m. 
Difícil adivinar las especies. El "gato" puede ser algún tipo de esciliorhínido; el perro, posiblemente el cazón (Galeorhinus galeus), y el "pulido", puede que la musola lisa (Mustelus mustelus).
El tiburón arenque es el cailón (Lamna nasus); el tiburón polar, el tiburón de Groenlandia o tiburón boreal, y el azul, la tintorera (Prionace glauca).
Las cápsulas-huevo de pintarroja las conocemos aquí como petacas o bolsos de sirena.
En realidad, la mielga puede alcanzar longitudes muy variables según la población hasta un máximo de 160-200, si bien en general no sobrepasan los 130 cm. Y por supuesto, es una especie vivípara aplacentaria (ovovivípara), no vivípara, como erróneamente se indica en el texto.
¹⁰La longitud máxima registrada para la tintorera es de 383 cm. Al igual que en el caso mencionado arriba del tiburón tigre, "unconfirmed reports of larger individuals up to 480 or 610 cm are mentioned in the literature" (véase David A. Ebert, Matthias F. F. Stehmann (2013). FAO Species Catalogue for Fishery Purposes: Sharks, Batoids and Chimaeras of the North Atlantic. FAO, Roma.)
¹¹Si alguna vez existieron tiburones blancos que alcanzaran esas tallas, en la actualidad muy rara vez llega a los 6 m. La longitud total máxima está sujeta a debate. Hay quien la sitúa en torno a los 600-640 cm, y hay que la eleva hasta más allá de los 700 cm.
¹²Obviamente, por "tiburón rugoso" debemos entender el tiburón ballena (Rhincodon typus).
¹³Se refiere, como estáis imaginando, al megalodón (Carcharocles megalodon). La errata en la medida de los dientes es evidente: no se trata de metros, sino de centímetros.
 

miércoles, 15 de marzo de 2017

Olayo atlántico (Galeus atlanticus)

Hembra juvenil de 25,3 cm capturada en Portugal con arrastre de fondo. Fuente: S. P. Iglésias (2013). Chondrichthyans and Cyclostomata from the North-eastern Atlantic and the Mediterranean (A natural classification based on collection specimens, with DNA barcodes and standarized photographs). Provisional version 07, 01 april 2013. http://www.mnhn.fr/iccanam.

Olayo atlántico 

Galeus atlanticus (Vaillant, 1888)

(es. Olayo atlántico; in. Atlantic sawtail shark)

Orden: Carcharhiniformes.
Familia: Pentanchidae.







El olayo atlántico es un pequeño y modesto tiburón que, hasta hace bien poco, vivió taxonómicamente escondido a la sombra de su primo hermano mayor, el olayo a secas, olayo bocanegra o, para mejor entendernos, Galeus melastomus, debido al gran parecido entre ambos y a cierto solapamiento geográfico de sus respectivas poblaciones. Fue descrito en 1888 por el zoólogo francés Léon Vaillant, quien ya admitía que sus rasgos morfológicos distintivos debían tomarse en conjunto, pues cada uno de ellos por separado resultaba bastante débil¹. No es de extrañar que poco después fuese considerado una sinonimia del G. melastomus y entregado al cálido sueño del olvido, hasta que en 1985 Muñoz-Chápuli y Pérez Ortega lo resucitaron como especie válida aportando una serie de criterios de identificación². En 2006 el imprescindible trabajo de J. Rey, Séret, Lloris, Coelho y Gil de Sola propone una redefinición de la especie y una serie de caracteres morfológicos más claros y exactos. Al fin, en 2007, la genética sanciona su estatus como especie válida³.

Olayo atlántico y olayo común o bocanegra. Fuente: ICM-CSIC.
Descripción. Tiburón de cuerpo alargado y esbelto, con cabeza corta y morro moderadamente largo y en forma de campana (la distancia preoral es inferior a la amplitud bucal); narinas largas y oblicuas, ojos en posición lateral, cavidad bucal negra. Aletas pectorales grandes y pélvicas pequeñas, bajas y angulosas. Las dos dorsales son pequeñas, angulosas y oscuras, con las membranas posteriores claras. Anal larga y baja. Cresta de grandes dentículos dérmicos en el borde superior de la caudal
     En cuanto a la librea, presenta un color gris a gris parduzco por arriba y blanquecino en la superficie ventral. Presenta un número reducido (inferior a 10) de manchas grises en forma de montura. El margen posterior caudal suele presentar dos franjas oscuras.

Dentición. Pequeños dientes pluricuspidados: una cúspide principal y una o varias secundarias bien desarrolladas.
Dientes inferiores (fuente: Muñoz-Chapulí & Pérez Ortega, 1985).
Talla. Más pequeño que el G. melastomus. En general, los machos son maduros entre 33-42 cm y las hembras entre 37-45 cm. En el mar de Alborán se detecta una clara diferencia en las tallas de primera madurez entre machos y hembras: 32,9 cm para los primeros, 36,9 cm para los segundos. Longitud máxima de 46 cm. Se desconocen las tallas de nacimiento, pero los individuos más pequeños observados medían entre 15-17 cm.

Reproducción. Ovíparo, posiblemente con oviparismo múltiple (9 cápsulas huevo encontradas en una hembra), lo cual sugiere que los huevos tardan poco en eclosionar tras la puesta. Las puestas se realizan a lo largo de todo el año, en un ciclo reproductivo continuo.
     Como curiosidad, en 2016 se encontró en una cápsula-huevo de una hembra capturada en el mar de Alborán un embrión con bicefalia, el primero de una especie ovípara; tenía dos cabezas, cuatro dorsales, dos tubos neurales, dos aortas dorsales y dos corazones, dos esófagos, dos estómagos, dos hígados, pero un único intestino [más información sobre malformaciones en tiburones, en La parada de los monstruos].

Fuente: V. Sans-Coma, tomada del ABC del 3-11-2016.
Dieta. Desconocida. Posiblemente pequeños peces e invertebrados de fondo como crustáceos y cefalópodos, como su pariente el G. melastomus.

Hábitat y distribución. Especie demersal del talud continental entre los 330-790 m. En el mar de Alborán las capturas se realizan sobre todo entre los 500-600 m, y al sur de Portugal las capturas accidentales por palangre de fondo se produjeron en una cota más reducida, 470-580 m.
     En Galicia las primeras citas de este tiburón fueron realizadas por Rafael Bañón et al. en 2010. Durante sus muestreos de demersales las capturas fueron frecuentes entre los 400 y los 711 m.

Elaboración propia a partir de Ebert & Stehmann, 2013, FAO.
Pesca y conservación. Forma parte de las capturas accidentales del palangre de profundidad que se dedica a especies como la cherna (Polyprion americanus) o el congrio (Conger conger) y del arrastre de fondo destinado a crustáceos como la cigala (Nephrops norvegicus) o la gamba roja (Aristeus antennatus). Suele descartarse, pero el mal estado de los ejemplares vivos devueltos al mar hace pensar que las posibilidades de supervivencia son escasas. Los individuos de mayor talla se comercializan como Galeus melastomus.
     El impacto de la presión pesquera es difícil de evaluar debido a que suele confundirse con otras especies similares, particularmente el olayo. Figura en la Lista Roja de la UICN con el estatus de Casi amenazada bajo la recomendación de una monitorización estricta teniendo en cuenta que su pequeña zona de distribución está sometida a una presión pesquera importante.

¿Galeus atlanticus o Galeus melastomus? Las diferencias entre el olayo atlántico y el olayo bocanegra (por más que el olayo atlántico también tiene la cavidad bucal de color negro) son bastante sutiles, aunque evidentes gracias al trabajo, ya mencionado arriba, de Javier Rey et al. (2006), del que tomamos las siguientes series fotográficas. Los rasgos distintivos más evidentes a simple vista son los siguientes:
  • El G. atlanticus tiene un morro campaniforme. En cambio, el del G. melastomus es ampliamente redondeado y más bulboso.
Comparación de la cabeza del G. atlanticus (serie superior A) y G. melastomus (serie inferior B) en vistas dorsal, ventral y lateral (fuente: Rey, Séret et al. 2006, Cybium).
  • La librea del G. atlanticus presenta menos de 10 manchas oscuras en el lomo, en forma de silla de montar, y, en algún caso, un reducido número de manchas laterales sobre las pectorales. El G. melastomus tiene un número mucho mayor de manchas, hasta 20, en lomo y flancos.
  • El borde posterior de la aleta caudal del G. atlanticus suele tener dos franjas oscuras alargadas, mientras que en G. melastomus son dos manchas.
Arriba, G. atlanticus. Abajo, G. melastomus. Pocas manchas en lomo y flancos en el primero y dos franjas oscuras alargadas en el borde posterior de la caudal (fuente: Rey, Séret et al. 2006, Cybium)
  • Las concavidades de los pliegues orales son oscuras en G. atlanticus y blancas en G. melastomus.
Diferencias de color en la concavidad de los pliegues orales: izq. G. atlanticus; dcha. G. melastomus (fuente: Rey, Séret et al. 2006, Cybium).
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¹Javier Rey, Bernard Séret, Domingo Lloris, Rui Coelho & Luis Gil de Sola (2006). A new redescription of Galeus atlanticus (Vaillant, 1888) (Chondrichthyes: Scyliorhinidae) based on field marks. Cybium, 30(4) suppl.: 7-14.
²Por ejemplo, el G. atlanticus posee una cabeza y un morro más cortos que el G. melastomus, aberturas nasales más largas y separadas, surcos labiales superiores más cortos, aletas dorsales más separadas (la primera en posición más adelantada) y la anal más larga y baja. Véase Muñoz-Chapulí, R. & A. Pérez Ortega (1985). Resurrection of Galeus atlanticus (Vaillant, 1888), as a valid species from the NE Atlantic Ocean and the Mediterranean Sea. Bulletin du Muséum national d’histoire naturelle, Paris, 7, section A, nº 1: 219-233.
³Castilho, R., M. Freitas, G. Silva, J. Fernández-Carvalho & R. Coelho (2007). Morphological and mitochondrial DNA divergence validates blackmouth, Galeus melastomus, and Atlantic sawtail catsharks, Galeus atlanticus, as separate species. Journal of Fish Biology, 70, supplement C, 346-358, doi:10.1111/j.1095-8649.2007.01455.x.
Rui Coelho, Domingo Lloris, Bernard Séret & Luis Gil de Sola (2010). Distribution pattern of Galeus atlanticus in the Alborán Sea (south western Mediterranean) and some sexual character comparison with Galeus melastomus. Marine Biology Research, doi: 10.1080/17451000903042487.
Véase también David A. Ebert, Matthias F. W. Stehmann (2013). FAO Species Catalogue for Fishery Purposes: Sharks, Batoids and Chimaeras of the North Atlantic. FAO, Roma.
Coelho, R., Rey, J., Serena, F. & Mancusi, C. 2007. Galeus atlanticus. The IUCN Red List of Threatened Species 2007: e.T63149A12623555. http://dx.doi.org/10.2305/IUCN.UK.2007.RLTS.T63149A12623555.en. Consultada el 15-III-2017.
Rafael Bañón et al. (2010). Marine fishes from Galicia (NW Spain): An updated checklist. Zootaxa, 2667, pp. 1-27.